Bernie Sanders va embalado. El senador de 78 años se ha impuesto de forma arrolladora en los caucus de Nevada, la tercera cita de las primarias demócratas para elegir al candidato que disputará la presidencia a Donald Trump en noviembre. Con el 60% escrutado, el socialdemócrata (39,3%) doblaba en votos a su rival más cercano, el exvicepresidente Joe Biden (18,6%), seguido muy de cerca por la joven estrella de Iowa y Nuevo Hampshire, Pete Buttigieg (18,4%), y ya más lejos por la senadora radical Elizabeth Warren (11,8%). La senadora centrista Amy Klobuchar, tercera en Nuevo Hampshire, cayó hasta la quinta posición (8%).

Esa victoria tiene una trascendencia especial porque Nevada se parece mucho más demográficamente al conjunto de EEUU. Sanders llegará con el viento a favor al Supermartes del 3 de marzo, fecha clave porque repartirá un tercio de los delegados a la convención de julio. Las encuestas le sitúan por delante en California (415 delegados) y Texas (228), los premios gordos de esa cita en la votan los demócratas de 15 estados y los del exterior de EEUU.

El senador por Vermont tiene la campaña mejor financiada y la única que puede presumir de estar propulsada por un movimiento político de masas. Organizativamente no tiene parangón. Decenas de miles de voluntarios trabajan para su causa en los 50 estados, una estructura que empezó a levantar durante su candidatura fallida de hace cuatro años.

No es de extrañar, por tanto, que el establishment demócrata esté nervioso. La candidatura de un socialista en la patria del capitalismo empieza a ser plausible. "Hemos creado una coalición multirracial y multigeneracional, que no solo va a ganar en Nevada, sino que va a barrer en todo el país", dijo Sanders a sus seguidores durante un mitin en Texas.

Sanders no solo se llevará de Nevada la primera victoria en el oeste del país de estas primarias, sino una coalición de votantes que engloba a casi todas las tribus del partido. Solo perdió entre los mayores de 65 años y los afroamericanos, que se inclinaron por Biden. Ganó el voto latino, importante en California y Texas, por un margen de 34 puntos; los menores de 30 años, por 54; y los independientes, por 37, según los sondeos a pie de urna de The Washington Post.

A Sanders no parecen haberle pasado factura las revelaciones de esta semana, según las cuales Rusia estaría tratando otra vez de interferir en la campaña para ayudar a su candidatura, además de beneficiar a la de Trump. Sanders confirmó que así se lo comunicaron las agencias de inteligencia hace un mes, pero mostró su rechazo a la injerencia rusa.

A su ventaja en este inicio de las primarias contribuye decisivamente la fragmentación del voto moderado entre tres candidatos, que serán cuatro cuando el magnate Michael Bloomberg entre en escena el Supermartes. Biden, tras su mejoría del sábado en Nevada, aspira a ganar el próximo sábado en Carolina del Sur. Para el también centrista Buttigieg, Nevada ha sido un baño de humildad, la constatación de que tiene que abrirse un hueco entre las minorías si quiere tener alguna opción de hacerse con la nominación. Solo el 2% de los negros y el 10% de los hispanos le votaron. En el polo ideológico opuesto, Warren, que cada vez se achica más ante Sanders, tuvo otra noche para olvidar.