El caudal de muerte y miedo de la pandemia parece tupir los conductos de la información, pero entre los contagios, los fallecimientos y las altas se siguen filtrando las robustas líneas que dibujan el esqueleto de la geopolítica. La ya vieja querella entre China y EEUU, que en realidad no ha hecho sino empezar. Las interferencias de Rusia en la vida de las democracias occidentales. El combate de Trump para convertir a su país en fortaleza. Son solo algunas de las huellas que la política global imprime en la infección planetaria.

La guerra estaba en pausa. Para EEUU y China, la pandemia es un escenario donde continuar sus guerras por otros medios. A finales de enero, cuando Pekín ordenó cerrar la megalópolis de Wuhan, había alcanzado una frágil tregua en su guerra comercial con Washington. Pero de inmediato los flujos informativos mundiales, en los que EEUU sigue llevando el bastón de mando, concedieron a la infección una relevancia que difícilmente habrían otorgado a un brote surgido en Australia o en India. Trump cortó todos los vínculos con China, aunque mantuvo abiertas las puertas a Europa hasta que, el pasado día 13, también se aisló de ella, a la vez que la acusaba de actuar mal y tarde.

El "virus chino". Pekín no ha dudado en situar el origen de la infección en una visita de tropas estadounidenses a Wuhan en octubre pasado. Trump, por su parte, se ha empecinado en motejar al SARS-CoV-2 de "virus chino", pese a las llamadas al orden de la Organización Mundial de la Salud. La OMS le ha recordado que la pandemia de gripe de 2009, originada en EEUU, nunca fue bautizada como "gripe estadounidense". El magnate acusa a China de informar tarde de la infección, detectada a finales de diciembre y no calificada hasta el 30 de enero por la OMS como "riesgo internacional de salud pública". La queja casa mal con la tardanza en reaccionar de Trump, que todavía este sábado descartó generalizar a todo el país el confinamiento ya decretado en Nueva York y California.

Periodistas. El pasado miércoles, China expulsó a los corresponsales de los principales diarios estadounidenses. Ha sido el último eslabón de una cadena de choques periodísticos que comenzó el 3 de febrero cuando el Wall Street Journal publicó el artículo "China es el auténtico enfermo de Asia". La pieza, tachada por Pekín de racista, conllevaba el agravante de que ese calificativo era empleado a finales del siglo XIX para referirse al decadente imperio chino. En estas semanas se han sucedido las represalias bilaterales en un ámbito, el de la información, ya muy enturbiado desde el inicio, en junio pasado, de las protestas pro democráticas en Hong Kong", alentadas con ardor por Washington.

El apéndice brasileño. La pasada semana, Eduardo Bolsonaro, notorio ultraderechista e hijo del presidente brasileño, desencadenó un conflicto diplomático con China al acusar a Pekín de ocultar información sobre la pandemia y comparar este supuesto silencio con el de las autoridades soviéticas en 1986 ante la catástrofe nuclear de Chernóbil. Bolsonaro recetó dosis de "libertad" para erradicar una infección de la que culpó a los dirigentes chinos, quienes no dudaron en atribuir un "virus mental" al brasileño.

La mano de Putin. La UE detectó la circulación de "fake news" provenientes del entorno del Kremlin desde el inicio de la pandemia. Rusia aprovecha el Covid-19 para mantener su interferencia desestabilizadora en Occidente, de la que ha dado numerosas pruebas en las presidenciales estadounidenses de 2016, en el referéndum del Brexit y en la crisis política catalana. Los intoxicadores de Moscú recurren tanto a minimizar el alcance de la infección, lo que hicieron en sus primeros compases, como a dibujar escenarios catastrofistas. Mientras, las cifras facilitadas por las autoridades rusas „367 contagios y un fallecido„ mueven al escepticismo. Los expertos de la UE han localizado al menos ochenta casos de desinformación en dos meses. Las noticias del canal público Russia Today, la principal máquina de propaganda exterior de Putin, figuran entre las favoritas de quienes siguen la pandemia más por las redes sociales que por medios de comunicación profesionales.

Ejemplo de intoxicación. "¿Qué pasos cabe esperar tras la marcha triunfal del coronavirus por el planeta? En el mejor de los casos, la aparición de varias zonas relativamente cerradas al mundo. En el peor, un planeta salido de Mad Max y de Resident evil". La fuente del diagnóstico es Geopolitica.ru. Una página cuya noticia de apertura, este sábado, se titulaba: "¿El coronavirus es un arma biológica de guerra?".

Mentiras documentadas. La plataforma HBO estrenó el pasado viernes Posverdad: desinformación y coste de las fake news, un documental que pone el foco en diversas intoxicaciones informativas detectadas en EEUU en los últimos cinco años. Su objetivo es no repetir esos errores durante las presidenciales del próximo noviembre, pero ofrece interesantes lecciones que se pueden aplicar a la crisis del coronavirus.

Conflicto en la frontera. La pandemia está teniendo un doble efecto, en apariencia contradictorio, en la lucha de Trump por cortar el flujo de migrantes irregulares que llegan a EEUU, donde viven unos once millones. Por un lado, la frontera con México está sujeta a serias restricciones de paso desde el viernes. Quienes, con todo, logren entrar en territorio estadounidense serán deportados de inmediato, aunque México ya ha advertido que solo aceptará a sus nacionales. Por miedo al contagio, los capturados no ingresarán en los centros de detención, donde ya se hacinan unas 37.000 personas.

Alto a la detención. Como medida complementaria, Trump ha congelado su política masiva de detenciones de irregulares dentro de EEUU. La Casa Blanca pretende no saturar los centros de confinamiento y no introducir en ellos a personas infectadas. De ahí que la Policía tenga órdenes de no practicar detenciones en los alrededores de establecimientos sanitarios.