La reconstrucción europea avanza despacio, pero avanza. Los presidentes y primeros ministros reunidos ayer de forma virtual en el Consejo Europeo constataron que perviven muchas diferencias pero que ya está aceptado que habrá un fondo común para la reconstrucción y que es imprescindible la solidaridad. Las dudas están en las cantidades, la fórmula de distribución del dinero y las garantías que se exigirán a cambio de prestar o transferir dinero para reactivar la economía europea. Y las fechas: el sur apremia, el norte se lo toma con más calma.

La reunión acabó mejor de lo esperado. No hubo ninguna salida de tono. El primer ministro holandés, Mark Rutte, liberal, que encabeza el grupo de países que ponen más obstáculos a una distribución de fondos en forma de subvenciones y no de créditos puso más pegas a la velocidad de la negociación -la mayor parte de los países quieren cerrar el acuerdo en julio- que al contenido del Next Generation EU dotado con 750.000 millones de euros que la Comisión Europea ha puesto sobre la mesa. Incluso habló de la necesaria solidaridad entre países.

Angela Merkel, por su parte, llevas semanas apelando a que la respuesta tiene que ser tan rápida como sea posible porque cuanto antes llegue la ayuda, antes comenzará la recuperación. En Paris, el gobierno se alegra de que no haya habido ningún asomo de veto, aunque se hayan constatado diferencias todavía enormes, pero con margen de maniobra para llegar a acuerdos.

En España, el presidente Pedro Sánchez en una escueta nota de prensa asegura que la propuesta de la Comisión es un "un buen punto de partida" y urge a una rápida negociación.

No fue una reunión con avances importantes, pero si significativa. Está claro que ahora comienza la parte delicada: cuánto dinero, cómo se financia, qué distribución tendrá, qué reformas se exigirán? Es decir, está asumido que la UE tiene que realizar un formidable esfuerzo para recomponer la economía.