24 de junio de 2020
24.06.2020
La Opinión de A Coruña

Un Trump acorralado endurece su discurso

El mandatario frena la llegada de inmigrantes como arma electoral - El paro alcanza el 13,3 % - Los sondeos apuntan a una caída alarmante para el presidente

24.06.2020 | 00:39
Trump visitó ayer el muro que separa Arizona de México.

Sacudido por la triple crisis sanitaria, económica y social de la pandemia y las protestas por la justicia racial; magullado por el mitin del fin de semana en Tulsa que debía suponer su retorno triunfal a los actos de masas y se quedó en un fiasco de 6.200 asistentes en un estado decididamente conservador como Oklahoma y con las encuestas nacionales y en estados bisagra enviándole mensajes alarmantes sobre sus opciones de ganar la reelección el 3 de noviembre frente a Joe Biden, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vuelve a echar mano de uno de los ejes programáticos que marcaron su victoria en el 2016 y ha sido clave durante su mandato: la mano de hierro con la inmigración, legal e ilegal.

Por primera vez en más de un año, Trump viajó ayer a Arizona, donde participó en Yuma en una mesa redonda sobre seguridad fronteriza y visitó el muro con México para marcar que se ha completado la construcción de 200 millas (322 kilómetros), un hito cuestionable pues está lejos de los 725 kilómetros que prometió construir para fin de año. Es, no obstante, un gesto con el que días después de un varapalo del Tribunal Supremo quiere tratar de poner los focos en sus medidas para frenar la migración, que ya ha endurecido en el marco de la pandemia con controvertidos pasos como restricciones históricas a las normas de asilo y refugio o la deportación de menores.

La visita se produjo un día después de que Trump firmara una proclamación con la que también restringe la inmigración legal. No solo prolonga hasta diciembre vetos a la concesión de permisos de residencia permanente ( green cards) que impuso en abril, sino que amplía considerablemente las limitaciones para la llegada de trabajadores extranjeros a EEUU y veta la concesión de varios tipos de visados hasta fin de año, con opción de prolongar el periodo "si fuera necesario".

Enmarcada por Trump como una protección de los trabajadores estadounidenses cuando el paro ha alcanzado el 13,3%, la decisión ha sido ampliamente cuestionada desde el sector empresarial y en particular por el tecnológico, especialmente afectado al impedírsele el fichaje de nuevos talentos internacionales. Incluso originó críticas de aliados de Trump, como el senador republicano Lindsey Graham.

No se aprobarán nuevos permisos H-1B para trabajadores altamente cualificados, categoría que mayoritariamente usa Silicon Valley, desde donde se acusa a Trump de "miopía". También se frena la tramitación del H-2B, con el que sectores no agrícolas como el hospitalario, construcción y jardinería contratan trabajadores temporales. El intercambio cultural se verá afectado por la restricción de visados J, que dejará sin entrada al país a profesores o monitores y becarios, y las empresas que hasta ahora trasladaban a ejecutivos a EEUU con visados L-1 no podrán hacerlo. Incluso se cerrarán puertas a personal médico, salvo en excepciones vinculadas a la pandemia.

Con la proclamación y el viaje, que incluye en Phoenix un mitin con jóvenes, Trump recupera algunas líneas maestras de su América primero. Las realidades del Arizona, no obstante, son un recordatorio del momento complicado que vive para su reelección. Solo en los últimos cuatro días, por ejemplo, se han registrado más de 11.000 casos de covid-19 en un estado con más de 1.300 muertos por coronavirus y donde hasta el gobernador republicano, Doug Ducey, se ha visto forzado a recomendar el uso de mascarillas.

La ventaja con que Trump se llevó Arizona (3,5 puntos, ya por debajo del 9% con que Mitt Romney ganó ante Barack Obama), se ha desvanecido. En las legislativas del 2018 los demócratas lograron importantes avances, en buena parte impulsados por el creciente peso del voto joven latino, y ahora los sondeos colocan hasta cuatro puntos por delante a Biden. Y el estado es significativa muestra de la erosión del apoyo a Trump entre votantes moderados de suburbio y mujeres, algo que le está debilitando también en lugares que ganó en el 2016 como Michigan, Pensilvania, Ohio, Wisconsin (que visita mañana) o Florida.

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