Es una "nueva dimensión" en la presencia ultraderechista y neonazi en el Ejército alemán. Con esta argumentación, la ministra federal de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer, anunció esta semana la disolución de una compañía completa de las fuerzas especiales del Ejército (KSK, en sus siglas en alemán) para combatir la infiltración extremista en las filas militares.

Los integrantes de la compañía disuelta serán investigados individualmente y tendrán que demostrar que son fieles al orden constitucional de la República Federal.

El pasado mes de mayo, las fuerzas de seguridad llevaron a cabo un registro en un terreno perteneciente a un soldado de las KSK situado en el estado federado de Sajonia; en él encontraron munición, explosivos, armas y propaganda neonazi.

Fue la gota que colmó el vaso para las autoridades civiles de defensa y lo que las llevó a disolver una de las cuatro compañías de las fuerzas especiales de manera preventiva. A raíz de esa operación, la ministra de defensa decidió poner en marcha una comisión interna que investigase la situación en las fuerzas especiales. La conclusión fue demoledora. "Las KSK no pueden continuar existiendo en su actual estado, tienen que ser remodeladas desde su interior y reintegradas en el Ejército", dijo la ministra federal de Defensa, Kramp-Karrenbauer, haciendo referencia a la autonomía de la que ha gozado históricamente este cuerpo militar y que, aparentemente, permitió la proliferación de estructuras extremistas.

Fuerzas de élite

Las KSK fueron creadas en Alemania en 1996 a semejanza de otras fuerzas de élite de Francia y Reino Unido. Sus alrededor de 1.400 soldados están encargados de misiones especiales -y en parte secretas- como la liberación de rehenes en regiones de crisis y la detención o eliminación de presuntos terroristas.

No se recuerda en Alemania una intervención en la que un representante público reconociese de manera tan abierta la dimensión de la amenaza: "El riesgo de que se convierta en un problema estructural es grande", reconoció la ministra de Defensa.

Según han publicado varios medios de comunicación alemanes, en 2017 algunos de sus soldados organizaron una fiesta en la que hicieron el saludo hitleriano, recogido como delito por el Código Penal de la República Federal. Investigaciones periodísticas también apuntan a que soldados de élite de las KSK se organizaron durante años en chats para la llegada de lo que bautizaron como Día X.

Según investigaciones de la Fiscalía germana, los militares se estaban preparando con armamento y planes para ejecutar atentados contra políticos y activistas de la escena de la izquierda.

No es la primera vez que las autoridades alemanas descubren ese tipo de redes clandestinas en el Ejército y las fuerzas de seguridad del país. En la escena neonazi alemana cunde desde hace años la idea de que Alemania se desliza inevitablemente hacia una guerra civil a causa de la llegada de inmigrantes refugiados y también de la crisis económica global.

85.000 balas desaparecidas

La desaparición de 85.000 balas de diverso calibre y de 62 kilogramos de explosivos, confirmada esta semana por el Ministerio de Defensa alemán, apunta a que esas tendencias no han desaparecido. El inspector general del Ejército alemán, el general Ebernard Zorn, calificó la desaparición de armamento de "preocupante" y "amenaza potencial". Las autoridades temen que el armamento pueda ser utilizado en atentados contra inmigrantes, periodistas o políticos de izquierda.

El ataque contra el político democristiano Walter Lübcke -asesinado presuntamente por militantes neonazis-, sumado a otros recientes atentados, demuestra que el terrorismo ultraderechista es una amenaza real en Alemania.

Existe el temor de que el armamento acabe en manos de células clandestinas como la última organización terrorista conocida en Alemania, la Clandestinidad Nacionalsocialista, que fue desarticulada en el año 2011.