China mostró ayer su indignación tras las medidas anunciadas por Australia y las advertencias de Francia sobre la polémica ley de seguridad para Hong Kong. El primer ministro australiano, Scott Morrison, anunció que los visados de 10.000 hongkoneses que viven en el país se prolongarán cinco años, "con la posibilidad de [otorgarles] la residencia permanente después".

En 1989, tras la represión en la plaza de Tiananmén, Canberra tomó una medida similar al ofrecer protección a miles de estudiantes chinos y sus familiares. El Gobierno australiano también decidió suspender su tratado de extradición con Hong Kong, a causa de un "cambio fundamental en la situación" en el territorio semiautónomo.

"China se opone a las acusaciones y a las medidas infundadas [anunciadas por Australia]", lamentó ayer en un comunicado un portavoz de la embajada china en el país austral. "Instamos a la parte australiana a cesar inmediatamente su injerencia en los asuntos hongkoneses".

China también advirtió a Francia de que no debe inmiscuirse en sus asuntos internos tras las declaraciones del ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, anunciando "medidas" con relación a la nueva política de Pekín en Hong Kong.