El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, explotó el 30 de junio. Ese día, su hija, Ezra -a su vez esposa del ministro de Finanzas-, anunció el nacimiento de su cuarto hijo La pareja lo anunció en Twitter y, por allí, recibió infinidad de insultos. Once personas fueron detenidas.

Erdogan se indignó: "¿Os dais cuenta de por qué estamos en contra de las redes sociales como YouTube, Twitter y Netflix? Para eliminar estas inmoralidades. Son inmorales", se justificaba el presidente turco. "Estas plataformas no se ajustan a nuestra nación -continuó Erdogan-. Queremos cerrarlas o controlarlas con una nueva ley lo antes posible. Haremos lo necesario para que las plataformas de redes sociales creen una representación fiscal y legal en nuestro país [para así poder legalmente pedirles información sobre los usuarios]. Si no lo hacen, las prohibiremos y les aplicaremos multas fiscales y legales". La ley ya está en camino.

Hace muchos años que el Gobierno turco trabaja en planes para aumentar su control sobre internet. En la última década Twitter y YouTube han sido cerrados en varias ocasiones; y el acceso a Wikipedia estuvo bloqueado durante casi tres años.

"Erdogan siempre ha intentado controlar cualquier canal mediático, a través del cual se pueda influir en la percepción de la sociedad. En este sentido, su aproximación hacia las redes sociales es la misma que hacia los medios de comunicación tradicionales", explica Nezih Onur Kuru, politólogo y doctorando por la Universidad Koç.

Desde hace más de una década, Erdogan se ha hecho con el control casi total de los medios de comunicación estatales turcos. En su contra, apenas quedan un puñado de periódicos y televisiones independientes, ahogados todos en marañas legales y económicas.

Las detenciones por hacer comentarios en internet se han multiplicado. Nunca antes durante el mandato de Erdogan se había llevado a tanta gente a los tribunales por "insultos al presidente".