La reciente ley de seguridad nacional ha acentuado la pulsión por desaparecer de algunos ciudadanos hongkoneses. Desaparecieron de las redes sociales para limpiar sus rastros activistas problemáticos y se esfuerzan ahora por desaparecer de Hong Kong. Las docenas de agencias de inmigración en la excolonia viven unos días intensos, de teléfonos timbrando sin cesar y urgentes peticiones amontonadas.

"El día siguiente a la aprobación de la ley recibimos más de un centenar de llamadas cuando normalmente recibimos entre 10 y 15", revela por teléfono Andrew Lo, presidente de la Agencia Anlex. Su perfil de clientes ha pasado de hongkoneses pudientes de mediana edad a "todo tipo de gente, de los 18 a los 80 años".

Huyen los estudiantes que adivinan el final de las libertades, huyen los empresarios inquietos con sus negocios y ahorros y huye el millar de delincuentes económicos chinos, funcionarios corruptos en su mayoría, que han disfrutado del botín robado en Hong Kong con la serenidad de saberse intocables.

La confrontación sin final a la vista ha agotado a muchos y aquel esplendor de Hong Kong ha quedado muy atrás. Escasean los buenos trabajos y se han agudizado los endémicos problemas de vivienda. Pende ahora la amenaza estadounidense de retirarle el estatus económico especial.

El frenesí actual culmina la tendencia alcista que empezara con las protestas violentas del pasado año. Una encuesta de Universidad de China revelaba en octubre que el 42,3% de los consultados deseaba emigrar, un salto del 33% respecto al año anterior. Unos 50.000 hongkoneses emigraron en sus últimos seis meses, cuando las calles ardían a diario. Y no les faltarán refugios.

Se han ofrecido a acogerlos todos los gobiernos que en los últimos meses habían acumulado pleitos con Pekín: EEUU, Australia, Canadá, Taiwán, Reino Unido? Londres recibirá a los poseedores del pasaporte de ultramar que concedió cuando formalizó la entrega de la excolonia. Son 350.000 pero más de 2,5 millones cumplen los requisitos para solicitarlo.