Los líderes de la Unión Europea no lograron avances sustanciales ayer, en la primera jornada de la cumbre convocada para tratar de cerrar un acuerdo sobre el fondo de recuperación y el nuevo presupuesto 2021-2027, un paquete de 1,8 billones. Las espadas se mantienen en alto con Holanda exigiendo reformas y el control absoluto en el desembolso de las ayudas a los países que recurran al fondo e Italia y España contraatacando y pidiendo un sistema más ágil y condiciones menos duras.

"La temperatura todavía no ha subido sustancialmente. Parece que los líderes están preservando energías para lo que venga mañana (por hoy)", apuntaba a media tarde un diplomático europeo sobre una cumbre marcada por la distancia física y las mascarillas para minimizar el riesgo del Covid-19. "El estado de ánimo es bueno", coincidía el portavoz del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, tras una primera discusión infructuosa de ocho horas, con almuerzo frío incluido, que dio paso a las primeras consultas bilaterales con el tándem Angela Merkel y Emmanuel Macron, el holandés Mark Rutte, sin el resto de los frugales, y el húngaro Viktor Orban para tratar de limar resistencias.

Este primer debate permitió a los Veintisiete exponer sus líneas rojas respecto a los ocho grandes obstáculos identificados por Michel en la negociación: el tamaño del nuevo presupuesto, las compensaciones a los países contribuyentes netos, los recursos propios, la distribución entre préstamos y subsidios, los plazos para empezar a pagar la deuda, la clave de reparto de las ayudas, el tamaño del fondo anticrisis y la gobernanza.

Cheques de compensación

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, obligada a adelantar su boda para que no coincidiera con la cumbre, presentó "varias opciones" para reducir el presupuesto y recortar el fondo de recuperación por debajo de los 750.000 millones, uno de los principales objetivos de los frugales. El presidente francés, Emmanuel Macron, devolvió el golpe reclamando la eliminación de los cheques de compensación a los países contribuyentes netos (Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca) y Alemania, y que según la propuesta de compromiso de Michel, supondrá un desembolso de más de 45.000 millones en los próximos siete años. Una postura en la que cuenta con el apoyo de España, que considera los cheques "regresivos e injustos".

Pero el gran foco de discordia fue de nuevo Rutte, que volvió a reclamar condiciones más duras en el fondo de recuperación y resiliencia, reforma de pensiones y flexibilización del mercado laboral a países como España o Italia y la unanimidad a la hora de autorizar el desembolso de las ayudas. Esto provocó el choque con Pedro Sánchez y Giuseppe Conte, que rechazaron durante el debate el veto que pide el holandés para controlar los planes de reforma nacionales y las transferencias. "La unanimidad no la queremos nosotros ni la quiere nadie. Países Bajos está solo. Ni siquiera el resto de los frugales le apoyan", aunque "sí son más duros que el resto en cuanto al tamaño del fondo", explicaron fuentes de Moncloa en relación a la intervención del presidente.

Para tratar de acercar ambas posturas se ha planteado la posibilidad de que en caso de problemas con un plan concreto el asunto se lleve a la mesa del Consejo Europeo, algo inaceptable de momento para el sur, que ha insistido en dejar en manos de la Comisión Europea la decisión de autorizar los pagos. "No puede ser un sistema de gobernanza tan complicado que al final sea dificilísimo dar fondos", se escudan fuentes de la Moncloa.

Se trata, según las fuentes consultadas, del gran escollo que amenaza con hacer descarrilar la negociación y el elemento más problemático en el que ni Sánchez ni Conte -que sí admiten la vinculación del fondo al proceso de reformas del semestre europeo- ni Rutte están, de momento, dispuestos a ceder. "Es verdad que todo el mundo tendrá que hacer concesiones, pero en este momento no estamos en qué se va ceder. Es un paquete. Hay que ver que en todo el paquete el resultado sea bueno", sostienen fuentes de Moncloa, que se niegan de momento a aceptar una reducción del fondo.

Ante las profundas discrepancias en este terreno, Michel pidió a los líderes europeos que se centren en resolver otro terreno minado, la vinculación de los fondos estructurales al respeto del Estado de derecho, una línea roja para el húngaro Viktor Orban, que cuenta con el apoyo del polaco Mateusz Morawiecki, protagonistas también de algunas bilaterales. El presidente del Consejo Europeo lleva semanas preparando el terreno para lograr un acuerdo antes del parón veraniego, pero es evidente que las diferencias siguen siendo grandes.