"Por favor, no des dinero a los italianos y a los españoles", le espetó el empleado de un centro de procesamiento de basuras en La Haya. "No, no", le respondió, sonriendo, Mark Rutte. En medio de una crisis sanitaria y económica que ha puesto a muchos países de la Unión Europea contra las cuerdas, el premier holandés ha asumido el papel de poli malo para bloquear un acuerdo para el nuevo fondo de recuperación y el presupuesto comunitario de los próximos siete años. Sus peticiones son claras: menos ayudas a los países golpeados por la pandemia y más préstamos o apoyos condicionados a posteriores reformas laborales y de pensiones (o sea, recortes públicos), poder para vetar las subvenciones que se concedan y unos mayores beneficios para los países ricos como el que gobierna. "Sin reformas no habrá ayudas", espetó hace una semana, ante la presión de España y Portugal.

Uno de los políticos más veteranos de la Unión Europea, Rutte es percibido como directo, pragmático, cercano y progresista. Es habitual verle sonriendo en bici por La Haya, pero más allá de su naturalidad también resulta un escollo en toda negociación económica. A la sombra de los nein de la canciller alemana, Angela Merkel, el primer ministro neerlandés también se ha abonado al "no" ante las peticiones de los países del sur, a quienes ha aleccionado en alguna ocasión.

Así, se ha alzado como la principal voz inflexible en Bruselas representando a los países llamados "frugales" (Países Bajos, Austria, Dinamarca y Suecia), los máximos defensores de la ortodoxia fiscal, guardianes de la austeridad y principales críticos con dar ayudas sin condiciones a los más perjudicados por la pandemia del Covid-19. Alemania, que ahora asume un más simpático rol de mediador (o de poli bueno) también celebra alguna de sus propuestas.

Esos países son los que piden cheques de compensación, incentivos económicos adicionales por el hecho de ser los que más aportan al presupuesto comunitario y menos reciben, un argumento arraigado en su calvinismo que esgrimen en cada cumbre.

Sin embargo, la unión comercial que supone la UE ha beneficiado enormemente al semiparaíso fiscal que son los Países Bajos. Según un estudio del Centro de Políticas Europeas alemán, el euro ha hecho que cada ciudadano neerlandés sea 21.000 euros más rico que hace 20 años, un índice solo superado por Alemania, mientras que España, Francia, Portugal o Italia han salido perdiendo con la introducción de la moneda única.