01 de agosto de 2020
01.08.2020
La Opinión de A Coruña

Pulso a Lukashenko

Las protestas acosan al mandatario bielorruso, que lleva 25 años en el poder, a una semana de las presidenciales

01.08.2020 | 00:42
Svetlana Tikhanovskaya.

Si no es un Euromaidán, la revolución que hace seis años derribó al Gobierno prorruso de Ucrania, sí comienza a parecerse. Decenas de miles de personas se congregaron en la tarde-noche del jueves en Minsk, concretamente en el Parque de la Amistad de los Pueblos, para asistir a un mitin presidido por Svetlana Tikhanovskaya, esposa de un político local encarcelado y aspirante en torno a la cual se ha aliado toda la oposición de Bielorrusia ante las elecciones presidenciales del próximo 9 de agosto. "No habíamos vivido una manifestación tan grande en 25 años", explica Artiom, un popular bloguero que colabora en el canal La Verdadera Bielorrusia, difundido por Telegram.

Los asistentes hablaban de una contagiosa atmósfera de entusiasmo, de cambios sociológicos en el país, de nuevas generaciones sin temor... "Estuve desde las seis hasta las diez; estaba lleno de gente, no cabía un alfiler", explica telefónicamente Natalia Chikulaeva, una empresaria ya entrada en años. "Cuando vi a aquellos jóvenes, tan educados, comprendí que el país había cambiado; estábamos rodeados de drones que tomaban fotografías, pero nadie tenía miedo", concluye, en tono de exaltación. "Nadie se cree ya a Lukashenko; estuve hace medio año y me di cuenta de que el país ya no era el mismo", relata Alena Dolgova, una bielorrusa residente en Barcelona, que pasó un año y medio en prisión en uno de sus viajes de regreso en 2007 por un delito del que posteriormente fue exonerada.

Aleksandr Lukashenko, presidente de Bielorrusia desde 1994, afronta estos días el más importante desafío de su longevo mandato. Pese a que las manifestaciones opositoras son recurrentes en esta exrepública soviética, coincidiendo normalmente con los periodos electorales, en esta ocasión han atraído a multitudes inéditas, hastiadas por la crisis económica y la caótica gestión gubernamental de la epidemia de coronavirus.

"La última ocasión en que vivimos un acto tan masivo fue en 1996", coincidiendo con la firma del tratado de la Unión Ruso-Bielorrusa y el décimo aniversario de la catástrofe de Chernobil, constata el bloguero Artiom. Se trata, además, de "un movimiento transversal, no vinculado a partidos políticos", puntualiza el internauta.

Las autoridades se han empleado a fondo para impedir que candidatos con posibilidades en los comicios presidenciales pudieran presentarse; no solo ha habido trabas administrativas, habituales en el espacio postsoviético, sino también intimidaciones y amenazas.

Valery Tsepkalo, uno de esos aspirantes frustrados, al frente del Parque de Alta Tecnología de Bielorrusia, ha tenido que refugiarse en Moscú con sus hijos. "La semana pasada, miembros de los servicios de seguridad se presentaron en su escuela y exigieron a los profesores que firmasen un documento que especificada que Valery y su esposa eran malos padres; semejante declaración permite a la justicia en Bielorrusia retirar la custodia", explica Yevgueni Medvedev, su asistente personal. Su mujer, Veronika, se ha quedado en la capital, Minsk, y hace campaña en favor de la aspirante Tikhanovskaya.

La oposición

Entre las filas opositoras, nadie se lleva a engaño sobre lo que suceda el día de la votación y en las jornadas siguientes. "Habrá una falsificación masiva; tienen multitud de recursos: no hay cámaras en los colegios, las urnas no son transparentes; no hay observadores", relata Artiom.

Para impedir que las multitudes que protesten tras la difusión de los resultados desborden al Estado, los despliegues están siendo cada vez más ostensibles.

Daria Sherbich, una joven médico de Brest, una ciudad situada junto a Polonia, asegura que hace dos semanas apareció un importante dispositivo de seguridad, con "tropas del Ministerio del Interior, de la Policía y hasta del Ejército, montando puestos de control" en la carretera de Minsk.

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