20 de septiembre de 2020
20.09.2020
La Opinión de A Coruña

La sustitución de una jueza del Supremo fallecida agita la campaña electoral en EE UU

El presidente Trump pretender cubrir la vacante de la progresista Ginsburg antes de los comicios para reforzar la mayoría conservadora en el alto tribunal norteamericano

20.09.2020 | 02:05
Obama abraza a Ginsburg antes de su discurso sobre el estado de la Unión, en enero de 2011.

Dentro de lo tumultuoso del 2020 en Estados Unidos, el año del impeachment de Donald Trump, de la irrupción de la pandemia de coronavirus y de la renovada explosión de protestas y tensiones por la injusticia racial, la campaña electoral en la que Trump busca la reelección frente a Joe Biden seguía ciertos patrones relativamente estables, dentro de lo volátil que es todo desde que el republicano llegó al poder. A 46 días de las elecciones, no obstante, cualquier idea de normalidad siquiera remota saltó por los aires el viernes, cuando el Tribunal Supremo anunció que Ruth Bader Ginsburg, emblemática jueza progresista, acababa de fallecer a los 87 años por un cáncer de páncreas.

La muerte de la magistrada, y lo que pase ahora para llenar su vacante, abre una guerra política que puede garantizarse cruenta. Lo que suceda, pese a estar sumido en un torrente de interrogantes, tendrá seguro a largo plazo un impacto fundamental en las próximas décadas de un país donde las decisiones del Supremo lo tocan todo y donde si Trump lograra colocar un tercer juez o jueza, tras Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh, asentaría una abrumadora mayoría conservadora 6-3. En lo inmediato, en cualquier caso, altera ya y de forma radical la carrera electoral.

Para Trump, que pese a haber recortado las grandes ventajas que le llevaba Biden en los sondeos seguía por detrás arrastrado sobre todo por su criticada gestión de la pandemia, se abre la oportunidad de redirigir la campaña a su terreno favorito, el de las profundas guerras culturales que se han exacerbado en un país políticamente polarizado. Y si bien el viernes reaccionó con inusitada moderación a la noticia de la muerte de Ginsbrug, centrándose exclusivamente en sus dos primeros mensajes públicos en alabar a "una mujer increíble" y una "titán de la ley", ayer dio el salto a la batalla.

"Se nos colocó en esta posición de poder e importancia para tomar decisiones por la gente que nos eligió con orgullo, la más importante de las cuales se ha considerado por mucho tiempo la selección de jueces del Supremo", escribió en Twitter en un mensaje en el que etiquetó al Partido Republicano, que controla el Senado, encargado de los procesos de confirmación de jueces federales.

Pese al mensaje de Trump, no están claros los tiempos que seguirá el proceso de sustitución de Ginsburg. En sus ecuaciones hay muchas incógnitas, incluyendo qué posición tomarán algunos senadores republicanos, que se enfrentan a una reelección complicada, o si los tiempos del proceso permitirán hacerlo antes de las elecciones. En cualquier caso, y pase lo que pase en las urnas el 3 de noviembre, los republicanos tienen el control del Senado asegurado hasta el 3 de enero del 2021 y podrían votar incluso si pierden la mayoría o si Trump no es reelegido. Además, en unas elecciones en las que sobrevuelan los fantasmas de una guerra por los resultados, que podría acabar en el Supremo como en el 2000, lo último que quieren es un tribunal con ocho miembros y sin mayoría conservadora garantizada.

La propia Bader Ginsburg, que resistió las llamadas a retirarse durante el mandato de Obama para facilitar que el demócrata le relevara con un juez progresista más joven, era consciente de lo que representaría su muerte durante el mandato de Trump, un presidente al que llegó a llamar "impostor". Ginsburg dictó a su nieta unos días antes de morir un comunicado: "Mi más ferviente deseo es no ser reemplazada hasta que tome posesión un nuevo presidente".

Los cálculos electorales funcionan ya a toda máquina. Y es cierto que para Trump y los republicanos la apertura de la vacante del Supremo puede ser un elemento de movilización del voto, especialmente el religioso que se mueve por la radical oposición al aborto, pero sucede lo mismo con los demócratas. La movilización del voto progresista ya se vivió en las elecciones legislativas tras la confirmación de Kavanaugh.

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