Los chilenos deciden hoy a través de una consulta si quieren redactar una nueva Carta Magna que sepulte los últimos vestigios institucionales heredados de la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-1990). El plebiscito ha sido fruto de un acuerdo político entre sectores de la derecha gobernante, el centro y parte de la izquierda, a través del cual se buscó encauzar el estallido social que, desde el 18 de octubre del 2019, se propagó por las principales ciudades del país y puso en jaque el modelo neoliberal. Según las encuestas, la opción "apruebo", impulsada por fuerzas heterogéneas, resultaría ampliamente vencedora. Solo una facción ultraconservadora se inclina por el rechazo a la reforma.

"Necesito que en esta hoja en blanco dibujen el Chile más lindo que se puedan imaginar", le dice una maestra a sus alumnos en una publicidad del Partido Socialista. El plebiscito es imaginado como un punto cero de partida. Además de la papeleta con las opciones de "apruebo" y "rechazo", el electorado tendrá delante de sus ojos otra con una pregunta crucial: "¿Qué tipo de órgano debiera redactar la nueva Constitución?". Las variantes son dos: una "convención mixta", compuesta en un 50 por ciento por diputados existentes y en otro 50 por ciudadanos electos a través de una votación popular, o una "convención constitucional" en la que todos sus miembros surgirían del veredicto popular y bajo el inédito principio de la paridad de género. Sea cual fuera la alternativa vencedora, los chilenos tendrán que acudir nuevamente a las urnas el 11 de abril de 2021 para elegir a los integrantes de la convención escogida.

Protestas recrudecidas

Las protestas contra el impopular presidente Sebastián Piñera, que volvieron a recrudecerse durante la pandemia con sus expresiones marginales de violencia, han definido un horizonte de expectativas relacionadas con la futura Carta Magna chilena.

El nuevo texto fundamental, se ha pedido en las calles y los foros, debería consagrar un Estado social, igualdad de derechos y reconocimiento a los pueblos originarios. No será tan sencillo acordar todos esos temas.

Parte de la derecha ha defendido a capa y espada la necesidad de preservar la Constitución de 1980. "Para poder construir no se puede destruir, por eso queremos invitarlos sin odio, sin violencia", ha dicho Jacqueline van Rysselberghe, la actual líder de la Unión Democrática Independiente (UDI), el partido que nació hace cuatro décadas con el propósito de ser guardián del legado de la dictadura. Su publicidad utilizó un arco iris, la misma imagen con la cual, en 1988, se publicitó en otro plebiscito el "no" a la perpetuidad de Pinochet y provocó burlas.

Por entonces, la UDI quería que el general se eternizara en el Palacio de la Moneda. Ahora se aferra a la posibilidad de que una baja participación electoral mejore sus opciones. Unos 15 millones de personas están llamadas a votar. En Chile existe, sin embargo, un fuerte desapego electoral. Piñera obtuvo la presidencia hace tres años en una contienda con una participación del 46 por ciento del censo. Se estima que este domingo suba al 60 por ciento.

La consulta constitucional que se celebrará hoy tiene otra limitación: la pandemia del Covid-19, que ha matado a casi 14.000 personas e infectado a otro medio millón en Chile. El uso de mascarilla, la distancia social, el uso de gel hidroalcohólico y un lápiz propio, así como una cabina de votación sin cortina para facilitar la circulación de aire, son parte de las medidas del protocolo del Servicio Electoral (Servel).

"Si eso se mantiene, esperamos un proceso exitoso desde el punto de vista epidemiológico", ha afirmado la presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches.