Rechazar los resultados y poner en duda el sistema electoral. Durante los meses anteriores a las elecciones, el presidente Donald Trump se encargó de revelar cuál sería su estrategia si los recuentos se alargaban y la balanza se decantaba del lado de Joe Biden, como está sucediendo. Eso dio margen para que las grandes plataformas como Facebook y Twitter se preparasen para contener una ola de desinformación digital que no ha parado de crecer.

A medida que el miércoles el recuento en estados clave como Wisconsin y Michigan se teñían de azul los republicanos pusieron en marcha la maquinaria de fango para agrietar ese dique tecnológico. "Esto es un fraude", señalaba Trump utilizando el podio presidencial de la Casa Blanca. Poco después, Trump difundía un mensaje falso señalando el recuento de votos en Michigan, su hijo Eric difundía bulos sobre la quema de 80.000 votos -que resultaban ser de muestra, no oficiales- y la campaña del presidente se autoproclamaba ganadora de Pensilvania.

Los círculos ultraconservadores también hicieron circular rumores de que los trabajadores electorales dieron rotuladores a los votantes de Trump para que las máquinas no pudiesen leer su voto, una teoría que ya se conoce como S harpiegate. A pesar de ser contrastados y desmentidos, las acusaciones tardaron poco en convertirse en virales.

La proliferación de ese contenido tóxico llevó a las plataformas a responder con rapidez. Además de destacar el recuento oficial de votos en la cabecera y ofrecer vínculos con información, Twitter ha ocultado parcialmente esos mensajes con advertencias de falsedades y ha restringido la posibilidad de compartirlos y comentarlos. Hasta seis de los 14 tuits publicados por Trump el miércoles pasado fueron marcados como "engañosos". Twitter desactivó una red de 150 cuentas que difundían conspiraciones contra Biden y marcó un mensaje de Ben Wikler, jefe del Partido Demócrata de Wisconsin, por declarar la victoria en el estado antes que lo hicieran los medios.

Por su parte, Facebook ha actuado con menos contundencia, etiquetando esos mensajes falsos con una contextualización que, sin embargo, no evita la difusión ni el impacto de esas mentiras. Aunque en un principio rechazó etiquetar los posts que proclamaban anticipadamente la victoria en algún estado, la plataforma de Zuckerberg cambió su rumbo el miércoles y empezó a señalar la desinformación.

Capítulo aparte merece YouTube. Su página principal mostraba información precisa del recuento y los vídeos de las elecciones tienen un vínculo con los resultados oficiales de The Associated Press. Sin embargo, la plataforma ha sido duramente criticada por permitir la emisión de canales en los que se daba falsamente por ganador a Trump y se difundían esos bulos sobre fraude electoral, algunos con hasta 3,5 millones de visualizaciones.