Hija de inmigrantes -un padre jamaicano profesor de economía en la Universidad de Standford y una madre oncóloga nacida en la India- , a Kamala Devi Harris no le gusta que la vean como la versión femenina de Barack Obama, aunque algunas de sus luchas le acercan al expresidente. "Las mujeres negras han estado infrarrepresentadas en cargos electos, y en noviembre tenemos una oportunidad de cambiar eso", tuiteó antes de que Biden anunciara que sería su número dos.

Buena parte del tiempo que Harris ha dedicado a la vida pública lo ha empleado en subir peldaños de difícil acceso para los grupos sociales que se ven reflejados en su perfil. En 2003 ocupó la Fiscalía de San Francisco antes de ser nombrada fiscal general del Estado, un cargo que ocupó hasta el 2017, cuando fue elegida senadora por California en el Congreso.

Combativa, centrista, criticada por el ala más izquierdista de los demócratas por la dureza de las penas impuestas durante su etapa en la Fiscalía, Harris era la baza de Biden contra el mantra de que solo los republicanos garantizan "ley y orden".

"No me voy a quedar aquí viendo cómo me lee la cartilla el vicepresidente, que quiere explicarme cómo se aplican las leyes de nuestro país", le espetó a Mike Pence en el debate televisado que les enfrentó hace semanas.

En un intento de alejarle del electorado negro, Pence le echó en cara que había perseguido más afroamericanos que blancos cuando era la representante del Ministerio público.

Nacida en Oakland, Harris dejó claro su espíritu combativo, pero los más progresistas le reprochan ambigüedad. Se opone a la pena de muerte, pero en el poder apoyó su uso.

Su progresismo no hace huir al votante que ve en Bernie Sanders todos los males del comunismo. Su moderación política puede situarla ante la misión de preparar el futuro del Partido Demócrata en la América del #MeToo, del Black Lives Matter y de las divisiones que con Donald Trump tanto se han agravado. Cuenta la revista Politico que su madre llevaba a sus dos hijas a una iglesia baptista negra y a un templo hindú, para que no perdieran ninguna de sus dos identidades. "Mi madre entendió muy bien que estaba criando a dos hijas negras y quería asegurarse de que seríamos mujeres negras orgullosas y seguras de sí mismas", escribió Harris en su autobiografía, en la que reconoce que tanto su abuelo, un alto funcionario del Gobierno indio que luchó por la independencia del país, como su abuela, muy implicada en el control de la natalidad, ejercieron una gran influencia en ella.

Si finalmente consigue llegar a la vicepresidencia, Kamala Harris tendrá una ingente tarea y sobre sus espaldas recaerá también la responsabilidad de hacer bueno el lema que heredó de su madre: Puedes ser la primera, pero asegúrate de no ser la última.