Si de algo le sirvieron a la Unión Europea los cuatro años que pasó Donald Trump en la Casa Blanca como comandante en jefe de Estados Unidos fue para saber con qué tipo de dirigente político prefiere no tener que lidiar al frente de la mayor potencia del mundo. Con ese bagaje, la llegada de Joe Biden a la Administración estadounidense es vista en Bruselas como una oportunidad de curar heridas, rebajar tensiones y reconducir unas relaciones trasatlánticas que han tocado fondo con el magnate inmobiliario. Nunca antes se habían escuchado palabras tan gruesas al otro lado del Atlántico, ni desafíos, desaires y ataques tan directos ni la desconfianza había sido tan profunda. La llegada de Joe Biden al Despacho Oval a partir del 20 de enero, sin embargo, tampoco será la panacea.

"El señor Biden es un multilateralista que quiere conformar un alianza de democracias y reformar la Organización Mundial del Comercio (OMC) en vez de debilitarla o destruirla pero no deberíamos ser demasiado entusiastas en la UE", sostiene el presidente de la Comisión de Exteriores del Parlamento Europeo, el democristiano alemán David McAllister. En su opinión, con la llegada del nuevo inquilino a la Casa Blanca no habrá un regreso "a la vieja normalidad" sino que habrá que reinventar "una nueva normalidad.

Estados Unidos cambió profundamente y es difícil encontrar una política económica, comercial, medioambiental o de defensa, en la que la tendencia proteccionista, que arrancó antes de la llegada del multimillonario republicano, no haya dejado huella. Algo que se exacerbó estos últimos años con un repliegue total. Trump sacó a su país de muchos de los grandes pactos internacionales firmados por sus antecesores. Entre ellos, el Acuerdo de París sobre cambio climático -una salida que se hizo efectiva precisamente la noche electoral-, la Unesco, el acuerdo nuclear con Irán (JCPOA) o el Tratado de cielos abiertos sobre control de armamento.

El ahora derrotado en las urnas también disparó las tensiones comerciales y las amenazas de guerra arancelaria con la UE, castigando al sector del aluminio y el acero y con la espada de Damocles sobre los coches, y, particularmente, con China, un "rival sistémico" también para la UE. Trump desacreditó continuamente organismos como la OMC y la Organización Mundial de la Salud (OMS), a quien suspendió la financiación, y no dejó de alimentar disputas en la OTAN por el aumento del gasto en defensa, que empezó con Barack Obama, amagando incluso con abandonarla.

La victoria de Biden abrirá la puerta a restaurar viejas alianzas o, al menos, reparar parte de los destrozos causados en seguridad, defensa, relaciones con China, Irán y Oriente Próximo o la política digital y el comercio. El que fuera vicepresidente con Obama ha prometido que regresará al multilateralismo y al Acuerdo de París, una prioridad absoluta para la UE, lo que augura un enfoque más constructivo y una agenda más positiva. "Las relaciones entre Europa y Estados Unidos serán más positivas", aseguró el alto representante para la política exterior, Josep Borrell, en declaraciones a la SER.

Sin embargo, políticos y analistas europeos no se hacen ilusiones ante la posibilidad de revertir todos los cambios. Especialmente en relación al America first y, menos aún, si se tiene en cuenta que la gran prioridad del demócrata no será Europa sino luchar contra una pandemia de coronavirus y un país dividido.