19 de noviembre de 2020
19.11.2020
La Opinión de A Coruña

Trump fulmina al jefe de ciberseguridad por refutar sus acusaciones de fraude

El presidente en funciones, que solo sale de la Casa Blanca para jugar al golf, ofrece 2,5 millones de dólares a Wisconsin para que recuente los votos en dos condados

19.11.2020 | 01:32
Trump abandona la sala de prensa de la Casa Blanca, al término de una conferencia de prensa.

Quince días después de unas elecciones en las que ha perdido la presidencia de EE UU frente a Joe Biden, Donald Trump se ha atrincherado en su rechazo y su reto a los resultados. Se ha encerrado en la Casa Blanca, de la que en dos semanas solo ha salido para jugar al golf y para un acto de homenaje a los veteranos de guerra, y donde se quedará también para Acción de Gracias. Políticamente, su trinchera son tuits que hablan de fraude, demandas que según la mayoría de los expertos tienen escasas posibilidades de prosperar y recuentos que incluso en su partido pocos ven con opciones de cambiar los resultados.

No es que Trump no esté teniendo un impacto político aún moviéndose en esa "mentalidad de búnker", la expresión que ha usado en la CNN una fuente de la Casa Blanca. Su negativa a poner en marcha la transición tiene consecuencias nacionales, no solo para Biden. Su estrategia de asalto a la legitimidad del proceso electoral asesta golpes que tendrán efectos nocivos duraderos en la democracia de EE UU, incluyendo la desconfianza de un elevado porcentaje de estadounidenses en que los comicios sean justos. Y con la purga de los que considera desleales está desarticulando importantes estructuras de gobierno.

El martes, por ejemplo, Trump anunció vía Twitter, como hiciera la semana pasada con el secretario de Defensa, Mark Esper, la destitución fulminante del director de Seguridad de infraestructuras y Ciberseguridad, Christopher Krebs, un antiguo ejecutivo de Microsoft que se había encargado de coordinar con autoridades locales y estatales las elecciones que luego definió como "las más seguras de la historia", lanzó iniciativas contra la desinformación y refutó sistemáticamente las acusaciones de fraude de Trump. Y su salida y la de otros tres altos cargos de esa agencia del Departamento de Seguridad Nacional destituidos los últimos días ha creado un vacío de liderazgo que se advierte especialmente peligroso en la transición.

Con una agenda pobre y quedando voluntariamente en segundo plano incluso en el anuncio de decisiones trascendentales como el repliegue de tropas en Afganistán e Irak, la mayor parte de la atención de Trump sigue centrada en el desafío de los resultados electorales. Y estos no cesan.

Ayer, su campaña anunció que pagará tres millones de dólares a Wisconsin para el recuento de votos en dos condados. Biden ganó el estado por más de 20.000 votos y hasta el exgobernador republicano Scott Walker subraya que los dos últimos recuentos en el estado solo movieron el resultado en 300 y 131 votos, respectivamente.

Trump tiene también la vista puesta en Georgia y Pensilvania. En el primer estado concluye ahora el recuento manual de cerca de cinco millones de votos y, pese al hallazgo en cuatro condados favorables a Trump de varios miles de papeletas que no se contaron, se espera que Biden mantenga más de 12.000 votos de ventaja. En Pensilvania, el martes fracasó una demanda ante el Supremo estatal, pero se mantiene viva otra en un tribunal federal. La ventaja de Biden es de más de 58.000 votos.

Pese a las escasas perspectivas en los juzgados, aún hay miedo a que Donald Trump culmine otra posibilidad, un escenario improbable pero que lanzaría la crisis constitucional: que los republicanos de algún estado con gobierno dividido no respeten la voluntad popular y seleccionen para el colegio electoral a electores pro Trump, aunque ganara Biden.

Ese fantasma se vivió unas horas el martes, cuando los dos republicanos de una junta electoral en un condado de Michigan se negaron a certificar los resultados alegando inconsistencias entre los registros de votantes y los votos emitidos. Al final los dos accedieron a certificar resultados con la condición de que haya una auditoría.

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