Perú tiene su primera presidenta, Dina Boluarte. Tomó posesión este miércoles en reemplazo de Pedro Castillo, destituido por el Congreso. Sin embargo, nadie en Perú se atreve a pronosticar cuánto podría durar su Gobierno interino teniendo en cuenta que antes de Castillo abandonaron antes de tiempo las funciones ejecutivas Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra y Manuel Merino. El primero dimitió antes de ser censurado, como le ocurrió a su sustituto. Merino, en tanto, no pudo sostenerse en el poder en medio de las protestas populares. Boularte no pasó por alto estos antecedentes cuando le pidió al Congreso "una tregua política para instalar un Gobierno de unidad nacional". Esta "alta responsabilidad", dijo, "debe ser asumida de común acuerdo por todos y por todas".

Boularte fue vicepresidenta de Castillo pero le dio la espalda cuando intentó disolver la Cámara que, a la vez, lo terminó por sacar del Palacio Pizarro con el respaldo de los militares y la policía. "Este Congreso, atendiendo al mandato constitucional, ha tomado una decisión y es mi deber actuar en consecuencia". Su mano tendida a los congresistas apenas suscitó tenues aplausos. "No voy a pedir que no fiscalicen a mi Gobierno ni que no se escrutan las decisiones que se tendrán que tomar; lo que solicito es un plazo, un tiempo valioso para rescatar a nuestro país", dijo, tras jurar en un cargo cuya estabilidad es un misterio para los analistas. La oposición de derechas espera, sobre todo, que convoque elecciones anticipadas.

La abogada Boluarte, de 60 años, debería concluir su gestión provisional el 28 de julio de 2026. Pero ese día está muy lejano en el calendario. Por eso, en su discurso inaugural levantó la bandera blanca de la paz frente a un Parlamento desprestigiado, pero con capacidad de hacerle la vida imposible. "Convoco a un amplio proceso de diálogo entre todas las fuerzas políticas representadas o no en el Congreso". Para la mandataria interina, "es imprescindible retomar la agenda del crecimiento económico con inclusión social, del empleo digno, de la atención de emergencia de los sectores vulnerables, de pleno respeto de los derechos fundamentales y también de la reforma política que nuestro país requiere".

Un historial de izquierdas

Nacida en 1962 en Chalhuanca, una ciudad de menos de 30.000 habitantes levantada a casi 3.000 metros de altura, Boluarte proviene de la izquierda independiente. Fue candidata a la alcaldía de Surquillo, en la periferia limeña, por el partido Perú Libertario. En 2020 se sumó a Perú Libre (PL), la misma formación de izquierdas tradicional que propuso a Castillo como candidato presidencial. Ella lo acompañó en la fórmula electoral como vicepresidenta. La ruptura de PL con Castillo terminó arrastrándola y ella fue expulsada de ese partido.

Boluarte ocupó el cargo de ministra de Desarrollo e Inclusión Social. Se apartó cuando, semanas atrás, Castillo, en uno de sus últimos intentos de mantenerse a flote, nombró a la muy cuestionada Betssy Chávez como presidenta del Consejo de Ministros. Desde ese momento, sus relaciones con el jefe de Estado no tuvieron retorno. Su rechazo al intento de disolver el Congreso fue inmediato. Ahora es la principal autoridad ejecutiva del país.

"Gobernar Perú no es tarea fácil", reconoció. Boluarte pidió el apoyo de la Fiscalía para "ingresar sin medias tintas a las estructuras corrompidas por las mafias al interior del Estado". Su primera medida, aseguró, "será enfrentar a la corrupción en todas las escabrosas dimensiones". A pesar de su condición de exministra de Castillo, le dijo a los parlamentarios haber sentido "repulsión" al ver "cómo la prensa y los organismos jurisdiccionales han dado cuenta de vergonzosos actos y del patrocinio en contra del dinero de los peruanos. Este cáncer se debe extirpar del país".

Expectativas

"Mientras se asienta el nuevo Gobierno y se conoce la conformación de su gabinete, queda la incertidumbre sobre la postura que desarrollará la nueva mandataria en varios puntos que resultan trascendentes para la gobernabilidad futura. En primer lugar, el retorno de la política en reemplazo de la negociación bajo la mesa y el intercambio de favores, que han caracterizado al Gobierno del saliente Castillo. Pedir un juego político de cara al país, nos protege del cubileteo y la manipulación", dijo el diario limeño La República en su editorial. "También, se debe proponer desde el Ejecutivo un impulso a la reforma política necesaria para evitar la inestabilidad permanente en la que se ha debatido el país desde 2016 y que garantice el real equilibrio de los poderes públicos, sin los excesos en los que han caído tanto el Legislativo como el Ejecutivo".