Michael J. Sánchez lleva desde su adolescencia observando los movimientos de barcos de guerra que entran en Gibraltar. En su casa actual en la colonia británica sólo tiene que mirar por la ventana, dice, y ve todo el estrecho. Si detecta un buque que se acerca al puerto o pasa por delante, lo fotografía y lo anota en un diario que lleva manteniendo desde 1977. Normalmente son naves de la Armada Real británica o de la Armada de Estados Unidos. Luego sube a las redes sociales el nombre y el tipo de barco, y una imagen. Y comenta la “caza” con una red de aficionados del propio Gibraltar o de otros países, de Canadá a Estados Unidos pasando por Turquía. Algunos de sus vecinos aficionados tienen potentes cámaras fotográficas para captar los buques en la lejanía. 

Dice que ni las autoridades del Peñón ni los militares le han puesto ningún problema por su actividad. “Lo hago por afición, porque me encanta el mundo naval; mi padre y mi abuelo trabajaron en el puerto”, asegura a El Periódico de España, del grupo Prensa Ibérica, este policía retirado de 63 años desde Gibraltar. En “llanito”, español con toques de inglés, explica por teléfono que su labor se llama shipspotting, avistamiento de barcos. Es como el muy británico birdwatching o birding (observación de aves), “pero más complicado”.

Este año Michael J. Sánchez estima que, en total, medio centenar de buques de guerra y apoyo han atracado en Gibraltar. Y todo, mientras los diplomáticos de la Unión Europea, Reino Unido, España y Gibraltar negocian un Tratado para encajar a la colonia británica en el espacio europeo tras el Brexit¿Han llegado muchos más barcos que otros años? Sánchez no nos da cifras concretas y no hace públicas sus estadísticas, pero no cree que se haya intensificado la actividad. Sí nota una palmaria decadencia desde el siglo pasado. Antes, las Armadas necesitaban muchos barcos en el mar y “podían llegar a unos 70 u 80 buques de guerra de media al año”, dice. Ahora, con los recortes y con la tecnificación de los buques, la cifra ha caído radicalmente, “a unos 20 o 30 de media cada año”. 

Reino Unido no da cifras concretas, ni tampoco Gibraltar. “No hacemos comentarios sobre los movimientos de barcos o submarinos”, asegura a este diario un portavoz del Ministerio de Exteriores de Reino Unido. “Sí podemos confirmar que la HMNB Gibraltar (Base Naval de Su Majestad en Gibraltar, por las siglas en inglés) recibe la visita regular de una variedad de barcos de guerra, como parte de la actividad rutinaria de la base y como centro de la Armada Real y de nuestros aliados”. 

A principios de diciembre, pareció aumentar el atraque de barcos en la base naval de Gibraltar. El día 8 aparecieron el Barco de su Majestad HMS Montrose y el de la Flota Auxiliar Real RFA Tidesurge. Una semana antes habían entrado los buques de guerra británicos HMS Albion, HMS Trent y RFA Mounts Bay. Justo en ese momento las conversaciones diplomáticas para un Tratado pasaban por un mal momento, como contó este diario. Una portavoz de la embajada británica en Madrid descarta rotundamente relación entre el número de buques que pasan por la base y esas conversaciones.

PATRULLERAS PEQUEÑAS, ENORMES DESTRUCTORES

Para los avistadores de barcos como Sánchez, hay premios gordos y otros de consolación. Premio gordo es cuando se avista un submarino nuclear. “El submarino de propulsión nuclear de la Astute de la Royal Navy HMS Artful S121 llega a la base naval de Gibraltar”, decía en un tuit del 5 de junio del año pasado, acompañado de dos fotos del submarino. También es un lujo para ellos ver portaaviones como el Prince of Wales o el Queen Elisabeth. Este año los esperaban, pero no ha llegado ninguno, cuenta. 

Más frecuente es ver fragatas, que son barcos de guerra naval, antiaérea y antisubmarina. Una de las habituales por el puerto de Gibraltar es el HMS Montrose, de 5.400 toneladas.

Desde el año pasado, en una decisión no exenta de polémica política en España, Reino Unido decidió dar base permanente en Gibraltar al buque de guerra HMS Trent, que realiza misiones en el Mediterráneo o en el Golfo de Guinea. Ha estado buena parte de ese tiempo en dique seco, en reparación. Es un buque patrullero tripulado por un equipo rotatorio de hasta 150 marineros. Precisamente el tránsito de esas tripulaciones militares hacia el territorio de la península es uno de los escollos que obstaculizan el acuerdo sobre Gibraltar que permita derribar la Verja. Al derribar esa frontera entre España y el Peñón, los controles deberían hacerse en el mismo puerto, y Gibraltar no quiere policías españoles allí.

FLUJO LEGAL 

“Ese flujo de barcos es perfectamente legal porque los británicos tienen el puerto cedido desde el Tratado de Utrecht [de 1715], cuando España lo cedió para dar apoyo a la flota de guerra británica que debía apoyar a los barcos mercantes que atravesaban el Mediterráneo”, explica a El Periódico de España, el marino español retirado Ángel Liberal, autor de Gibraltar, base militar, una enciclopedia sobre las instalaciones militares británicas en el Peñón. Por un lado, el puerto de la Royal Navy en Gibraltar es una buena base logística para misiones como las antipiratería en el Golfo de Guinea, porque están mil millas más cerca que si estuvieran atracados en las Islas Británicas. “A veces entran en el puerto de Gibraltar esencialmente para enseñar el pabellón [la bandera] y dejar contentos a los llanitos porque la Armada británica está allí para protegerlos”. 

La mayor tensión no la generan estos destructores, sino unas pequeñas patrulleras, HMS Cutlass y HMS Dagger , que forman el Escuadrón Gibraltar. Cada vez que un barco español (de la marina, de aduanas, oceanográfico o de la Guardia Civil) aparece por la bahía de Gibraltar, por ejemplo camino de Algeciras, sale el Escuadrón de Gibraltar a “acompañarlo”. “Tratan de amedrentarlos porque creen que esas aguas alrededor de Gibraltar son suyas”, explica Liberal. Lo más normal es que no ocurra nada. Los barcos españoles navegan ignorándolos. Pero en ocasiones hacen filigranas agresivas. “Hubo mucha tensión hace cuatro o cinco años, cuando el Escuadrón Gibraltar poco menos que embistió con el costado a un español y casi se produjo un ‘tantarantán’, un golpe que hace oscilar al barco”. 

Con el atraque de submarinos nucleares se produce siempre una queja diplomática, según explican fuentes conocedoras a este diario. 

El pasado mes de septiembre, sin ir más lejos, atracó en Gibraltar el mayor submarino nuclear del mundo, el estadounidense Rhode Island. La organización medioambiental Verdemar dio la voz de alarma y denunció el “riesgo para las poblaciones del Campo de Gibraltar y del Estrecho”. España no había sido advertida para activar los protocolos nucleares y los Grupos de Vigilancia Radiológica Ambiental de la Armada. Fue una parada breve antes de salir hacia el Mar Negro que baña la costa de Ucrania. Pero se producía en medio del pulso de dialéctica nuclear entre Rusia y Occidente. 

“España y Reino Unido somos aliados dentro de la OTAN”, recuerda una portavoz de la embajada de Reino Unido a este diario, que subraya que los barcos británicos de guerra no atracan solo en Gibraltar. El mayor buque de guerra británico, el nuevo portaaviones HMS Prince of Wales, atracó en nuestro país en junio, cuando era buque insignia de la Fuerza Marítima de Alta Disponibilidad de la OTAN, para participar en el ejercicio Flotex liderado por España. Este mismo mes de diciembre, el buque hospital de la Marina Auxiliar Real británica RFA Argus ha visitado Vigo.