El FSB, los servicios secretos rusos, han acusado a un ciudadano estadounidense de espiar en territorio ruso, según un comunicado que el organismo ha difundido este jueves. La organización estatal ha dado poca información de este supuesto espía, no ha dado nombre ni estado actual del mismo, no se sabe si está detenido, o en búsqueda y captura. La inteligencia rusa le acusa de haber estado recogiendo información biológica que podría "comprometer la seguridad nacional" del país euroasiático. Lo único que se sabe es que el sospechoso es un hombre.

No sería el primer estadounidense encarcelado por este mismo cargo. Paul Whelan actualmente se encuentra en prisión desde el año 2020. Le condenaron a 16 años de cárcel, aunque desde Washington confían en poder intercambiarlo por algún preso ruso en suelo estadounidense. Rusia ha rechazado en numerosas ocasiones extraditarlo o hacer un trueque por algún ciudadano ruso. Recientemente Estados Unidos y Rusia intercambiaron a la baloncestista Britney Griner, condenada por tráfico de drogas en Rusia, por Viktor Bout, un traficante de armas apodado "el mercader de la muerte". Este último había pasado 14 años en centros penitenciarios norteamericanos por conspirar para asesinar a ciudadanos estadounidenses, ayudar a organizaciones terroristas y entregar misiles antiaéreos. La Casa Blanca quiso incluir al exmarine Whelan en este intercambio, pero Moscú no dio su brazo a torcer. Habitualmente rechaza extraditar a los acusados de espionaje.

Malas relaciones

Las relaciones entre Washington y Moscú pasan por uno de sus momentos más bajos, especialmente después del inicio de la ofensiva rusa en Ucrania en febrero del año pasado. Estados Unidos ha sido desde finales de febrero uno de los mayores impulsores de las sanciones contra la economía rusa, así como el principal suministrador de armamento del Estado ucraniano. A finales de diciembre de 2022, EEUU aprobó unos presupuestos que garantizaban que Kiev recibiría en 2023 cerca de 42.000 millones de euros.