El escenario más optimista para el embrollo diplomático España-Marruecos-Argelia es que Rabat y Argel consigan encontrar vías de comunicación alternativas para canalizar sus históricos diferendos. Esto permitiría a la diplomacia española salir del juego de suma cero en el que, cuando se acerca a Marruecos, se distancia de Argelia, y a la inversa. La evolución en 2023 será clave para garantizar el suministro energético, el comercio bilateral y el equilibrio de las cuestiones migratorias. En el caso de Ucrania, el mejor escenario sería aquel en el que los aliados mantienen su ayuda y, por la presión, Rusia se aviene a negociar, cede buena parte de las regiones conquistadas y congela el conflicto sobre la Península de Crimea. Esa relajación de la guerra en suelo europeo permitiría a España tener una presidencia europea en el segundo semestre del año tranquila y fructífera, con acuerdos sobre inmigración o, incluso, sobre la reforma de las reglas fiscales de la UE. En el peor, la tensión internacional deriva en un auge del euroescepticismo con Italia o Hungría más distanciados y España gastando el tiempo de sillón rotatorio de la presidencia del Consejo en apagar fuegos. 

Son algunos de los futuros posibles dibujados en el informe “España en el mundo en 2023: perspectivas y desafíos”, publicado por el Real Instituto Elcano este miércoles. 34 especialistas en asuntos internacionales y de política exterior han elaborado una prospección de lo que le espera a la diplomacia española este año. Un ejercicio de prognosis: el arte -o la ciencia- de dibujar escenarios futuros basándose en el análisis de la realidad, en el que valoran cuál sería el peor y el mejor resultado de cada asunto que preocupa a España. Así, 2023 estará marcado por la guerra de Ucrania, la presidencia española de la UE, las negociaciones con Reino Unido sobre Gibraltar y el Brexit o el acercamiento del viejo continente a sus aliados de América Latina en medio del retroceso de la democracia en el mundo. 

Sobre la relación con Marruecos y Argelia, este será el año de la verdad para la diplomacia española en el Magreb. Habrá que demostrar que el giro hacia Marruecos (el reconocimiento del plan autonomista del reino alauita para el Sáhara Occidental ocupado) ha merecido la pena. Los próximos 1 y 2 de febrero se celebrará en Rabat la Reunión de Alto Nivel entre el gobierno de España y el de Marruecos. Una cita clave en la que debe consolidarse la aproximación con el vecino del sur. Pero, al mismo tiempo, Madrid debe reconducir sus relaciones con Argelia, en el contexto de la crisis energética global y la escalada de tensión Rabat-Argel. “El escenario base no altera la pauta de malas relaciones intra-magrebíes, aunque sin escalar especialmente en el enfrentamiento”, espera Charles Powell, director del Real Instituto Elcano. “España no logra abandonar el juego de ‘suma cero’ entre Marruecos y Argelia y, al tratarse de un año electoral, ambos países tratan de extraer concesiones del gobierno, lo que genera varios momentos de tensión”. En el escenario pesimista no se descarta “una carrera armamentística entre Argelia y Marruecos que desemboque incluso en riesgo de enfrentamiento armado y procesos desestabilizadores en todo el Mediterráneo occidental, con nueva crisis migratoria que recrudezca el nacionalismo combativo a ambas orillas del Mediterráneo y desborde a varios dirigentes europeos”. En el escenario optimista, el enviado personal del secretario general de la ONU (Staffan de Mistura) para el Sáhara Occidental logra sentar a las partes. España podría así recuperar sus relaciones con Argelia sin provocar una reacción negativa de Marruecos. “La presidencia española de la UE pone las bases para grandes proyectos estructurantes en el Mediterráneo a partir de la idea española de una “Comunidad Mediterránea del Agua y la Energía”, concluye Powell.

En el resto de África y el mundo árabe, la crisis alimentaria y la inflación podrían provocar conflictos e inestabilidad política que terminaran en una nueva oleada migratoria hacia Europa. Quizá incluso una nueva ola de revoluciones contra los gobiernos autócratas de la región. 

Guerra estancada en Ucrania

Sobre Ucrania, el escenario más probable para el Elcano es que la guerra se prolongue y los aliados permanezcan unidos. Existe la posibilidad de que Crimea se convierta en punto de fricción entre socios “si las fuerzas ucranianas avanzan y Rusia modifica su postura de negociación para buscar un alto el fuego”, apunta José Juan Ruiz, presidente del think tank. La alternativa negativa es que Rusia sea capaz de revertir la contraofensiva ucraniana “hasta consolidar sus posiciones en el mar Negro y producir la asfixia económica del país atacado”, arguye por su parte Powell. En ese escenario no es descartable que los aliados duden sobre si seguir o no apoyando a Kiev y EEUU rebaje su interés y se centre cada vez más en China, lo que podría acabar con una Ucrania vencida y “convertida en Estado fallido a merced de Moscú”. La variante optimista no es que Rusia sea derrotada por completo, sino que se abran canales de diálogo que desemboquen en que Ucrania recupere la mayor parte de su territorio ocupado y que una Rusia desgastada sólo pueda disputar Crimea. España va a tener que enfrentarse al riesgo de escalada bélica, al flujo de refugiados y al riesgo de desunión entre los socios que apoyan a Ucrania, según la analista senior sobre Rusia, Mira Milosevic. Pero nuestro país mantendrá su apoyo al país invadido dentro del marco de la OTAN. En ninguno de estos escenarios se revierte el proceso del gasto militar y de revitalización de la industria de defensa en España, porque ha calado la idea de la necesidad de disuasión, concluye Charles Powell.

La presidencia de Pedro Sánchez del Consejo de Europa en el segundo semestre va a ser especialmente compleja por este contexto bélico. “Si hay un momento en el que va a ser delicado mantener la unidad, va a ser este año”, opina Nacho Molina, analista. La presidencia va a ser doblemente delicada porque coincidirá con las elecciones en España y eso derivará “en una situación política interna volátil y polarizada, que acentuará su crispación por la cercanía electoral”, se lee en el informe. En el mejor escenario, habrá más unidad entre los 27 y mayor sintonía en la relación París-Berlín, “que permitirá a la presidencia española del Consejo culminar procesos legislativos y lograr ciertos compromisos en acción exterior o en gobernanza económica a partir de la propuesta de la Comisión sobre reglas fiscales”, apunta Charles Powell. El escenario negativo sería que aumente el euroescepticismo por el retroceso del bienestar o las discrepancias sobre Ucrania. Como parte de ese deterioro del clima, podríamos ver un enfrentamiento abierto con Reino Unido o una nueva victoria electoral del nacionalismo en Polonia, lo que frustraría los planes españoles para la presidencia europea. En el supuesto positivo, en cambio, se anunciarían “grandes acuerdos en materia migratoria, la reforma de las reglas fiscales, el desbloqueo del contencioso con el Reino Unido (que incluya un acuerdo sobre Gibraltar) e incluso el lanzamiento de una reforma de los Tratados que elimine la unanimidad en política exterior”, se lee en el texto de Elcano.

Estados Unidos y China

Sobre geopolítica global, seguirá la rivalidad entre China y Estados Unidos. Empeorará si Kevin McCarthy, el presidente republicano del Congreso, imita a su predecesora Nancy Pelocy y visita el estrecho de Taiwán. “Nos encontramos en un mundo en el que, cada vez más, las decisiones basadas en geopolítica se imponen a las económicas”, ha dicho Jorge Tamames. “Y podemos dar por hecho que la rivalidad entre Estados Unidos y China está ya enquistada”. Este enfrentamiento provocaría un acelerón de la desglobalización y una crisis de la gobernanza multilateral creada tras la Segunda Guerra Mundial. En este escenario de confrontación exigirá a Europa más unidad interna y un acercamiento a nuevos socios en distintas regiones (África Subsahariana, América Latina o incluso el Indo- Pacífico), según el informe, que apunta a que, en ese sentido, la presidencia española será determinante. 

Sobre América Latina, lo más previsible es la continuidad de la situación vigente: “Bajo crecimiento, inflación persistente, polarización política, predominio de los castigos a los gobiernos en las elecciones y mantenimiento de la desafección con la democracia”, explica Charles Powell, que no prevé un gran cambio por la celebración de la cumbre UE-CELAC durante el semestre de presidencia española. Si todo saliera mal, el deterioro de la situación económica conduciría a protestas sociales “en un ambiente similar al de fines de 2019” con un clima de mayor inestabilidad con crisis institucionales como las vividas en Perú y, más recientemente, en Brasil y con el “avance de las alternativas iliberales”. En la alternativa optimista podrían producirse avances en los procesos reformistas de países como Chile, Colombia o Brasil, y una mejora económica que termine en una alternancia política sin sobresaltos.