¿Es Joanna Kulig una revelación tardía? Según a quién preguntes. En Polonia la reconocen por la calle desde hace un par de décadas, y la actriz y cantante ha sufrido sus rachas de persecución paparazzi. El resto del mundo descubrió su preciosa voz en la no tan lejana Ida o, después, el precioso romance intermitente Cold war, ambas del director Pawe? Pawlikowski, pero mucho antes, cuando solo tenía 15 años, Kulig ganó el equivalente polaco de Operación triunfo. Empezó en la interpretación sin toda la convicción, pero trabajar con el añorado director Marcin Wrona (en un episodio de Teatr telewizji) le hizo pensar que quizá, después de todo, podía estar hecha también para ese trabajo.

Antes de Cold war, Joanna Kulig ya había hecho papeles reconocidos, sobre todo entre el público de su país. Por el de trabajadora sexual en la franco-polaca Ellas obtuvo el premio a la mejor actriz secundaria en los Premios de Cine Polacos. Antes de brillar en Ida, ya llamó la atención en otra película de Pawlikowski, La mujer del quinto, como camarera que trata de seducir al personaje de Ethan Hawke. También ha pasado por alguna película que no la merecía, como Hansel y Gretel: Cazadores de brujas (como la bruja pelirroja), pero hasta su último proyecto olvidable se esfumó de la memoria con Cold war.

En ella nacía, o renacía, una estrella. Pawlikowski escribió el personaje de Zula pensando en Joanna, en los extremos emocionales en los que sabía que podía incurrir. El romance de ida y vuelta de la cantante con el músico Wiktor, con la guerra fría entre Oriente y Occidente como telón de fondo, calaba con fuerza de gran tragedia amorosa moderna. Llegó otro premio de la Academia del Cine Polaco, esta vez a la mejor actriz protagonista, además del premio a mejor actriz europea en los European Film Awards.

Cantante de 'nightclub'

A Cold war le siguió Kler, todo un taquillazo en su primer fin de semana en Polonia, en parte por salir ella. También algunas buenas series de televisión, caso de Hanna y la recién estrenada en Netflix The Eddy, en la que ejerce de cantante de nightclub, como en Ida y una parte de Cold war. De un club de jazz, para ser precisos, propiedad de Elliott (André Holland), compositor estadounidense asentado (es un decir) en París. Visceral y volátil, esta Kulig puede recordar a la Gena Rowlands habitual en el cine de John Cassavetes, clara influencia en este proyecto de Damien Chazelle, el director de La La Land.