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El cineasta y escritor Gonzalo Suárez recibirá el Goya de Honor

La Academia de Cine premiará la carrera de una figura clave en la cultura desde su irrupción en los años 60

El cineasta y escritor Gonzalo Suárez. |  J. L. Roca

El cineasta y escritor Gonzalo Suárez. | J. L. Roca

Quim Casas

Barcelona

Esto es solo una opinión, y no va en detrimento de ninguno de los Goya de Honor concedidos hasta ahora, pero el que la Academia de Cine española ha decidido otorgarle a Gonzalo Suárez es merecidísimo. Suárez fue compañero de viaje de los directores de la Escuela de Barcelona (estuvo ahí con títulos como Ditirambo y El extraño caso del Doctor Fausto y participando en los guiones de los filmes de Vicente Aranda Fata Morgana y Las crueles), genial articulista deportivo (con el seudónimo de Martin Girard para Dicen o El Noticiero Universal), escritor alabado por Pere Gimferrer y tan ditirámbico como el título de su primer largometraje, y cineasta insobornable, ajeno a todas las modas y creando unas pautas en las que solo él se atrevió a profundizar.

No ha sido un escritor tentado por el cine ni un cineasta a quien le gusta escribir novelas y relatos. Lo uno forma parte de lo otro de forma indivisible, de modo que las constantes de su obra deben rastrearse tanto en las páginas impresas como en las películas. Lo último que hemos sabido de él es la edición este mismo año de El caso de las cabezas cortadas, mezcla de literatura y dibujo que hizo en los 60, mientras que en el cine debemos irnos hasta 2007, año en el que rodó Oviedo Express: trata de un grupo de actores que, en 1885, viajan en tren hacia Oviedo para representar una adaptación de La Regenta, novela de Leopoldo Alas, Clarín, que fue llevada al cine por Suárez en 1974 en un primer y fallido intento de adentrarse por los vericuetos de la industria cinematográfica cuando siempre había funcionado mejor por los alrededores de la industria.

En pleno franquismo, Suárez estableció un decálogo bautizado como ‘las películas de hierro’, que incluía experimentos formales y filmes que jugaban con la popularidad de sus intérpretes. Hizo Morbo con Ana Belén y Víctor Manuel; repitió con la actriz en Al diablo con el amor; unió a la musa de la Escuela de Barcelona Teresa Gimpera con Lex Barker, antiguo Tarzán, en Aoom, su obra más experimental, y le brindó a Carmen Sevilla uno de sus mejores papeles en La loba y la paloma. La díscola Reina zanahoria y, sobre todo, la visceral Parranda —violencia, sexo y alcohol en los altos hornos asturianos, que es una versión de A Esmorga del gallego Eduardo Blanco Amor— le convirtieron en cineasta de culto hasta que con Epílogo finiquitó una parte importante de su andadura: aquí se dieron cita sus dos personajes medulares, Ditirambo (que él mismo había encarnado en el filme homónimo, interpretado ahora por José Sacristán) y Rocabruno (Francisco Rabal), particulares alter egos en un universo tan literario como cinematográfico.

Suárez seguiría fantaseando con otras realidades literarias, como Remando al viento, en torno a la noche elegíaca en que Mary Shelley escribió Frankenstein y John William Polidori hizo lo propio con El vampiro; Don Juan en los infiernos, particular recreación del Don Juan de Molière, y Mi nombre es sombra, acercamiento igual de ‘ditirámbico’ al Jekyll y Hyde de Stevenson.

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