«Tratar con la muerte te hace amar mucho más la vida»
marisa de dios
El periodista catalán está preparando su primera serie de ficción, 33 días, inspirada en la historia real de la fuga de dos presos de una cárcel en Lleida. Se verá próximamente en Atresplayer. Mientras, sigue triunfando con Crims y con el caso que le ha obsesionado los últimos 30 años, Tor.
¿Qué elementos tiene esta historia para haberle obsesionado casi tres décadas?
Supongo que me atrapa la obsesión por descubrir quién mató a Sansa. Los personajes, con casi todos los cuales acabo teniendo mucha relación. Me atrapa el paisaje de Tor, un mundo perdido maravilloso... Y toda esta historia me acaba abduciendo sin ser consciente de ello. Es como cuando te enamoras de una persona, que no sabes por qué te sientes atraído por ella y no por otra.
En la historia hay muchos sospechosos, casi como en una novela de Agatha Christie.
Soy muy fan y justamente he construido este relato inspirándome en sus historias y en las de los grandes constructores de crónica negra. Hay un elemento básico: ¿quién mató a Sansa? Pero a la vez, en cada capítulo vas introduciendo elementos para que aumente el conocimiento de la historia del espectador y vaya teniendo más sospechosos para poder debatir. Al final, de lo que se trata es de disfrutar el viaje, no solo saber quién, por qué y cómo lo hizo, sino estos cien años de odio que hay dentro del pueblo. Un guionista no podría inventar todos estos personajes. La realidad es la mejor guionista que te puedas imaginar.
La maqueta del pueblo, donde recrean el asesinato a través de figuras de los sospechosos, es un personaje más.
Es un personaje clave. Después de Crims teníamos que encontrar una manera de narrar que no se le pareciera, que tuviera una personalidad propia. Una de las cosas que no caducará nunca es el concepto de explicar historias al lado del fuego. Por eso yo aquí hago las introducciones así. Y pensé: ¿cuál es un elemento habitual para explicar una historia? Pues una maqueta. La utilizamos como si fuera un pueblo de cuento para explicar una tragedia, y nos permite viajar a la época de los maquis, a la guerra civil, de las discusiones entre los vecinos y, sobre todo, a casa del muerto, donde encontraron el cadáver. Creo que se genera un contraste, entre un ambiente de cuento y una historia trágica, que atrapa al espectador.
A lo largo de los ocho episodios vive algún momento de tensión con los protagonistas. ¿Sufrió por su integridad?
Sí y no. La sensación de miedo la he tenido después, cuando ya me había marchado. Mientras estás allí lo vives de una manera muy intensa, más como un inconsciente que como un valiente. En algunos momentos pueden parecer violentos o un poco asociales, pero no he visto maldad en la gente con la que me he relacionado en Tor, y eso me ha tranquilizado. Aunque hay veces que cuando me he ido he pensado que había estado a punto de que me dieran una hostia. Pero no ha pasado, y quiere decir que lo gestionamos bien.
Después de tratar tanto tiempo con crímenes, ¿uno llega a insensibilizarse con la muerte?
¡Qué va! Tratar con la muerte te hace amar mucho más la vida, a la gente de tu alrededor y a tus seres queridos, porque te das cuenta de lo fácil que es perder la vida. Así que intentas intensificar todas las emociones positivas. Nosotros tratamos con la muerte de una manera profesional e intentamos no llevárnosla a casa. Además, en Tor la muerte no ocupa ni el 10%, el resto son relaciones entre vivos y hablamos de por qué en esa vida hubo un muerto.
¿Qué opina del debate que se ha generado en torno a los true crimes? Algunas familias han presionado para que su caso no llegue a la pantalla.
Nosotros llevamos más de 500 horas emitidas de true crime, entre Crims, La luz en la oscuridad, Tor, el pódcast, y no hemos tenido ningún problema, aparte de un abogado que te pide dinero porque sale 35 segundos o de algún familiar de segunda generación, porque tratamos a todo el mundo con mucho respeto y rigor. Lo que hacen los demás no lo puedo defender ni lo quiero atacar, porque no me incumbe. A nosotros no nos paran series porque, cuando trabajamos un caso y un familiar directo de la víctima nos pide que no lo hagamos, no lo hacemos. Siempre hablamos con las familias o abogados. Legalmente no tenemos obligación, pero moralmente queremos.
¿Qué respuestas suelen encontrarse?
Lo que nos pasa menos es encontrarnos con gente que nos dice que todavía está muy afectada y que no lo hagamos, así que no lo hacemos. La mayoría de las veces nos dan permiso pero nos dicen que no quieren participar. Y cada vez tenemos más familias que participan directamente en los programas, porque acaban viendo que es una manera de recordar a sus seres queridos. Si lo haces con respeto no se generan problemas.
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