«Has de sentir admiración por tu personaje para comprometerte con una serie»
La revelación de ‘El acontecimiento’, nuevo rostro clave del cine europeo, da el salto a las series con ‘La Marquesa de Merteuil’, la precuela de ‘Las amistades peligrosas’
Juan Manuel Freire
¿Qué le atrajo de esta serie en un primer momento?
En cuanto (la directora) Jessica (Palud) me envió el guion, dije que sí, porque quería volver a trabajar con ella. Habíamos hecho Maria solo unos meses antes e hicimos una especie de promesa. Si volvíamos a reunirnos, sería para que yo hiciera un personaje más fuerte y un papel más desafiante. Y Madame de Merteuil nos permitía imaginar esa evolución. Además, tener seis horas de metraje te permite investigar más profundamente en la naturaleza humana y en los matices de un personaje.
¿Estaba familiarizada con la novela epistolar de Choderlos de Laclos o las anteriores adaptaciones a cine y televisión de esa historia?
Pensé en lo que podríamos hacer y enseguida me vino a la mente Glenn Close y aquella interpretación tan poderosa y magnética (en el filme de Stephen Frears de 1988). Al principio tuve algo de miedo porque pensé que no podría llegar a un 10% de lo que hizo ella. Pero al ser esto una precuela, tenía la oportunidad de, en cierto modo, inventar una nueva versión del personaje. Eso es lo que quería hacer.
La serie explora las dinámicas de poder y control entre géneros. Cómo el sexo puede ser usado como un arma contra las mujeres y, a la vez, cómo estas pueden usarlo como herramienta de defensa.
Al final de la serie, mi personaje dice algo muy certero respecto a ese tema. Es algo así como: «O santas o putas, las mujeres han sabido elegir las mejores armas para protegerse de los hombres». En aquel momento, la religión era una oportunidad para las mujeres de huir de un matrimonio forzado. Y el virginismo permitía a algunas ser las dueñas de su propio deseo y elegir tener sexo con quien quisieran y cuando quisieran. Era una ilusión de libertad, no eres enteramente libre dentro de esa idea, pero era una forma de protegerse en una sociedad y un sistema patriarcales.
Supongo que tener a Palud como directora ayudó en las escenas más delicadas, como el intento de violación del primer episodio.
Jessica adora a los actores, algo que no hacen todos los directores. Quiere que nos divirtamos. Y lo que más me gusta de ella es que busca el modo de llevarnos a territorios donde no hemos estado todavía. Estás superando tus propios límites del brazo de una persona respetuosa, modesta y amable, que nunca te pedirá hacer algo con lo que te sientas incómoda. Lo que hace es darte las herramientas para explorar y para probar cosas y no tener miedo a nada.
Hasta ahora no había participado en ninguna serie. ¿Estaba esperando el proyecto adecuado?
Tiene que interesarte mucho un personaje para poder interpretarlo tanto tiempo. Porque cuando dices «sí», has de estar abierta a una segunda, tercera o cuarta temporada. Has de sentir empatía e incluso admiración por el personaje para poder seguirlo.
De nuevo, comparte proyecto con el gran Vincent Lacoste, como en una de sus primeras películas, Jacky au royaume des filles.
La verdad es que… ¡no recuerdo si allí teníamos escenas juntos! Mi papel era bastante, bastante pequeño. Por entonces yo tenía 14 años y él tenía 19. Nos hemos ido viendo desde entonces, coincidimos mucho, ya que nos movemos por los mismos ambientes y tenemos el mismo trabajo, pero no había llegado ese proyecto en el que realmente pudiésemos colaborar. Me alegré mucho de que por fin llegara. Es un actor que me encanta y además es un gran ser humano. Lo que hace con Valmont en esta serie es sorprendente; consigue hacerlo vulnerable, y qué tortura debe ser para un libertino eso de enamorarse.
Antes de La Marquesa de Merteuil ya había participado en diversas producciones de época, como La mujer que sabía leer, Cambio de reinas o la última versión de El conde de Montecristo. ¿No le importa tener que pasar tantas horas en peluquería y vestuario?
Siempre intento ver lo mejor de cada proyecto. Y en realidad, no hay partes malas en esa clase de rodajes. Veo partes malas en el pasado. La época que abordamos en La Marquesa de Merteuil fue terrible para las mujeres. Pero representar a esas mujeres no es tan doloroso, aunque tengamos que llevar corsés. La moda ha evolucionado y podemos ponernos corsés que no son tan dolorosos como los de aquellos tiempos, que nos permiten tener libertad de movimiento y hacen las cosas más fáciles. Es importante llevarlos porque, de golpe, cambian por completo tu forma de estar de pie, de moverte y de caminar, y te anclan a la época que estás retratando. Te ayudan como actriz en lugar de molestarte.
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