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‘Silencio’, la serie de Eduardo Casanova sobre vampiras y sida

Llego hoy a Movistar Plus+ una miniserie de tres episodios que denuncia, con humor y gamberrismo, el estigma en torno al VIH y «el temor a exponer tu propia voz»

A Coruña

Hoy llega a Movistar Plus+ Silencio, miniserie creada, escrita y dirigida por Eduardo Casanova (Pieles, La piedad). A lo largo de tres episodios donde una familia de vampiras vive en siglos marcados por la peste y el sida, esta comedia negra denuncia, con «humor y gamberrismo», que el estigma en torno al VIH y el temor a las represalias por «exponer tu propia voz» persisten como formas de «violencia estructural por parte del sistema».

«Hay cierto miedo que estamos desarrollando los personajes públicos a romper el silencio y a posicionarnos en cosas que son obvias como el genocidio en Gaza», señala Casanova en una entrevista concedida a Europa Press, donde subraya que la decisión de permanecer callado ante problemas «extremadamente evidentes» tiene una naturaleza estructural. El cineasta lo atribuye al «miedo a la cancelación», que a su vez «es pánico a la pérdida de trabajo», que a su vez solo es «es terror a la pérdida de dinero».

Para el responsable de Silencio, ese pavor colectivo a pronunciarse surge de «un truco maquiavélico del sistema para convertirnos en personas con un discurso extremadamente blanco». Casanova defiende que en una sociedad con dinámicas que buscan «quitarnos la personalidad y silenciarnos hay que romper el silencio en cuanto a lo que a ti te atormente o te perturbe».

María León amplía la idea expuesta por el director indicando que concibe la serie como una llamada a «exponer tu propia voz por un bien no solo individual, sino global»: «Espero que la sociedad capte el mensaje de que no hay que callarse». Casanova apunta que el personaje de la actriz no es una de las vampiras que ocultan su condición por posible rechazo, sino una humana con sida que también refleja que un estigma que te fuerza a «callar te convierte en una persona muy triste».

Para Mariola Fuentes, mantenerse en silencio no siempre es causa de presiones externas, también es una muestra de la indiferencia de un mundo que sufre de «pérdida de empatía». «Ha llegado un momento en el que la gente ve a un niño muerto en una orilla de una playa o en una guerra y le da lo mismo», condena la intérprete, a quien le preocupa más los casos de «gente a la no solo les da igual, sino que dicen que el niño está bien matado porque es un futuro peligro».

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