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‘Los abandonados’, un wéstern con Gillian Anderson como matriarca

Nueva creación de Kurt Sutter, el artífice de ‘Hijos de la anarquía’, que abandonó el rodaje por diferencias creativas con el servicio de ‘streaming’

Gillian Anderson, en una imagen de ‘Los abandonados’. |  Netflix

Gillian Anderson, en una imagen de ‘Los abandonados’. | Netflix

Juan Manuel Freire

Barcelona

El regreso del wéstern, al menos en formato serie, es una realidad. Ahora viene a afianzarlo la nueva creación de Kurt Sutter, el hombre de la saga motera Hijos de la anarquía, que no dejaba de ser un wéstern, o neo-wéstern, y uno que, por cierto, empleaba a buena parte del reparto de Deadwood, serie pionera del revival del género en la televisión del siglo XXI. Los abandonados ya se puede ver en Netflix.

Sutter nos traslada a mediados del siglo XIX y a un pequeño pueblo ganadero del territorio de Washington para contarnos la historia de dos familias, o cinco, según se mire. Gillian Anderson es Constance Van Ness, matriarca viuda de una poderosa dinastía minera que necesita ampliar su negocio con la veta de plata que recorre la hondonada de Jasper Hollow, territorio habitado por cuatro familias que se resisten a las ofertas. Constance tiene tres hijos a los que controla con mano férrea: el engreído pero inseguro Willem (Toby Hemingway), el dandi Garret (Lucas Till) y Trisha (Aisling Franciosi), conocida por su deseo de aventura, aunque su madre solo quiere que se case y que se case bien.

Aunque astuta y calculadora, nuestra antiheroína no sabe con quién se está propasando. Entre las familias puestas contra las cuerdas está la del título, liderada por Fiona Nolan (Lena Headey, antigua Cersei Lannister), emigrante irlandesa que no pudo tener hijos, pero que se ha convertido en madre de cuatro huérfanos y es capaz de cualquier cosa por ellos. Elias (Nick Robinson) y Dahlia (Diana Silvers) son hermanos a los que prometió cuidar a su padre, quien les ofreció dinero para su futuro común. Tras emprender el camino al Oeste, dieron por el camino con el líder natural Albert (Lamar Johnson) y la secretamente traumatizada Lilla (Natalia del Riego).

A Willem le interesa Dahlia, pero el interés no es recíproco: ella sabe que los Van Ness van detrás de las tierras familiares y que son capaces de masacrar al ganado si eso sirve como herramienta de persuasión. En el caso de Elias y Trisha, el amor sí que fluye en ambas direcciones, lo que supone una complicación para los planes de ambas familias. «Nos separa una montaña de mierda», dice Elias a su amada en un perfecto resumen de la situación de estos Romeo y Julieta de tierra sin (apenas) ley, aunque exista un alguacil encarnado con su carisma apático por Marc Menchaca, más conocido como el Russ Langmore de Ozark, aquel antagonista de sexualidad reprimida.

Las informaciones alrededor del rodaje no resultaban nada halagüeñas: Sutter acabó dejándolo cuando quedaban solo unas semanas, al parecer por desavenencias creativas con Netflix. Pero esa lucha no se aprecia en el producto final. Los abandonados parece saber claramente la serie que quiere ser, una aventura directa y a la encía, con un punto orgulloso de culebrón, como se podía esperar tras saber que Sutter la concibió después de engullir episodio tras episodio de Bonanza durante la pandemia. Como es de esperar con su creador, abunda la acción intensa: de ataques de cuatreros a crímenes con horqueta, de cacerías de osos pardos a emboscadas de tribus, pasando por, quizá lo más memorable, una persecución de caballos al borde de un barranco.

Como en Hijos de la anarquía, Sutter reflexiona sobre el poder de la familia que eliges, no aquella en la que te ha tocado nacer.

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