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Crítica de 'Algo terrible está a punto de suceder' (Netflix): los creadores de 'Stranger things' producen una sugestiva serie de terror sobre el miedo al compromiso
La propuesta de Upside Down Pictures es una muestra serializada del auge del terror escrito y dirigido por mujeres

Camila Morrone (Rachel) en una imagen de 'Algo terrible está a punto de suceder' / Netflix
Juan Manuel Freire
'Algo terrible está a punto de suceder'
Creadora: Haley Z. Boston
Dirección: Weronika Tofilska, Axelle Carolyn, Lisa Brühlmann
Reparto: Camila Morrone, Adam DiMarco, Jennifer Jason Leigh, Ted Levine
País: Estados Unidos
Duración: 40-58 min. (8 episodios)
Año: 2026
Género: Terror
Estreno: 26 de marzo de 2026 (Netflix)
★★★★
El mayor argumento de venta de 'Algo terrible está a punto de suceder' ha sido, de momento, que esté producida por los hermanos Duffer, creadores del fenómeno 'Stranger things'. Pero tanto o más importante es que estemos ante una muestra serializada del auge del terror escrito y dirigido por mujeres. Su creadora y 'showrunner' es Haley Z. Boston, coguionista en la memorable 'Nuevo sabor a cereza' y guionista del episodio dirigido por Ana Lily Amirpour ('La apariencia') en 'El gabinete de curiosidades de Guillermo del Toro'. Por otro lado, se reparten la dirección de los capítulos Weronika Tofilska ('Mi reno de peluche'), Axelle Carolyn ('El club de la medianoche') y Lisa Brühlmann ('Servant'), es decir, tres súper tres.
Su estrella es, claro, una actriz: Camila Morrone (Camila también en 'Todos quieren a Daisy Jones'), merecedora desde hace tiempo de un papel protagonista que la pueda propulsar al estrellato. Quizá lo haya encontrado en Rachel, media naranja (o eso quiere creer) de Nicky (Adam DiMarco), con quien ha emprendido un 'road trip' hacia la pequeña cabaña de la familia del segundo donde se dirán el 'sí, quiero' en cuestión de una semana.
La cabaña resulta no ser tan pequeña, pero la futura familia política de Rachel puede hacerla bastante asfixiante. La matriarca Victoria (Jennifer Jason Leigh) se mueve en un estado desvaído que no está claro si es cuestión de salud o de una especie de rara 'performance'. Su marido, Boris (Ted Levine), es de una volatilidad no menos intrigante. Luego están los hermanos de Nicky, esto es, Portia (Gus Birney), metomentodo y (se diría que) falsamente naíf, y el desafiante Jules (Jeff Wilbusch), al parecer víctima de un traumático encuentro en los bosques de los alrededores cuando era pequeño; su hijo, Jude (carismático Sawyer Fraser), cree por completo en la historia y su monstruo, el llamado Sorry Man. Por allí ronda también Nell (Karla Crome), antigua novia de Nicky que acabó optando por casarse con Jules. Todo en orden. Boston se toma su tiempo para presentar a los personajes, darles matices y enredarlos en diálogos con sustancia.
La trama no deja de dar motivos a Rachel para salir corriendo de esa casa. Entre los primeros: descubrir que a la boda vendrá la familia extensa, casi un centenar de parientes seguramente igual de excéntricos, o que esa celebración se ha diseñado para ser, a la vez, otra clase de evento mucho más triste. Pero incluso antes de llegar a la cabaña, la sensación es de temor constante, tanto para Rachel, que empieza a recibir señales de que algo terrible va a suceder, como para un espectador sacudido, además, por un montaje desestabilizador.
Aunque no se desdeña el poder del pequeño susto, o de las imágenes que cuesta dejar de ver una vez se han visto, en esta serie el terror es más bien como una humedad que se extiende lentamente y acaba calando hasta los huesos. Boston ha citado como referencia 'La semilla del diablo', a la que recuerda mucho en su paranoia (femenina), pero también se podrían añadir la atmósfera más nocturna de 'Twin Peaks', los acosadores silenciosos de 'It follows', la imaginería (y, en alguna ocasión, la factura) de 'El proyecto de la bruja de Blair' o la diabólica visión del drama familiar de 'Hereditary', de la que proviene el autor de la banda sonora, Colin Stetson.
Sin renegar de su marco genérico, la serie se desliza en muchos tramos hacia una especie de psicodrama con trazas de comedia negra. Es una reflexión retorcida sobre temas absolutamente reales y terrenales: el compromiso, el matrimonio y lo que conlleva, el acto de fe que supone abrazarse a una persona hasta el fin de los tiempos.
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