28 de marzo de 2008
28.03.2008
símbolos y patriotas gallegos

Basilio Álvarez, tribuno del pueblo gallego y de la fe cristiana

28.03.2008 | 04:30

Basilio Álvarez Rodríguez fue un tribuno defensor del pueblo gallego frente a la política caciquil gallega de su tiempo, y un diputado radical republicano valedor de la fe religiosa cristiana frente a los diputados socialistas y republicanos de izquierdas de la segunda República española. Hoy día, su personalidad simboliza la reivindicación valiente, justa y fuerte de los derechos humanos y sociales de los paisanos gallegos frente a las injusticias sociales y políticas vengan donde vengan.
Basilio Álvarez era hijo de un herrero del barrio del Ervedelo de Ourense. Nace el 10 de agosto de 1877, en la, entonces, llamada carretera de Trives de esta ciudad, donde cursa estudios de bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media y sigue la carrera sacerdotal en Seminario conciliar de San Fernando ordenándose de presbítero.
Persona de fácil y brillante discurso, impulsa con gran interés y vitalidad la labor social y obrera del Círculo Católico Ourensano, promovida por el obispo de Ourense, monseñor Carrascoso, bondadoso, compasivo y servicial. En 1904, publica el folleto, El cura rural, donde defiende a la Iglesia católica gallega frente a los que la atacaban por sus aranceles. Colabora en El Heraldo de Galicia y El Eco de Orense, dirigidos por Valentín Lamas Carvajal, criticando las injusticias caciquiles y exponiendo las necesidades apremiantes que sufre el pueblo gallego.
En 1907, se traslada a Madrid, donde ejerce de capellán de la casa de los marqueses de Urquijo. Se relaciona con todos los gallegos en el Centro Gallego y colabora y dirige la revista, Galicia, haciendo semblanzas de personajes. En 1909, las luchas agrarias campesinas de Galicia se radicalizan dando lugar al motín de Oseira, que ocasiona varias muertes. Decide defender su justa causa y combatir el régimen de foros recogiendo la antorcha de la Solidaridad Gallega que se había disuelto. Incita y anima a la colonia gallega madrileña a la radicalización contra el caciquismo y contra los foros gallegos.
En 1910, funda la Acción Gallega, de la que será director y portavoz. En 1911, dirige el periódico, Debate, fundado por Angel Herrera Oria, que deja regresando a Galicia como cura de la parroquia de Beiro, en Ourense, donde había sido asesinado su párroco. Asiste a la segunda Asamblea Agraria de Monforte y es nombrado secretario de la Liga Agraria-Redencionista. Participa activamente en numerosas luchas sociales y políticas por toda Galicia dando múltiples mítines populares contra el caciquismo y contra los foros.
En 1912, publica El Libro del Periodista. En 1913, visita Cuba, prologa el primer libro de poemas de Ramón Cabanillas, y publica el libro, Abriendo el Surco, resumen de la cuestión agraria. En 1915, vista Argentina donde pronuncia discursos patrióticos y sociales muy ovacionados. Regresa a España y funda el diario, Parlamentario y La Raza, en Madrid, y la revista La Zarpa, en Ourense.
Se seculariza, obtiene la licenciatura en Derecho en dos convocatorias y abre un bufete de abogado en Madrid con grande éxito ocupándose de los asuntos gallegos y de la dirección de la Casa de Galicia, entonces, en la calle Alcalá.En 1928, es nombrado hijo predilecto de Ourense. Se afilia al Partido Radical Republicano de Alejandro de Lerroux, que anteriormente había criticado.
Proclamada la segunda República, es elegido diputado por la provincia de Ourense en las elecciones generales a las Cortes españolas de 1931 y de 1933 por el partido radical republicano de Alejandro Lerroux; y es nombrado vocal del Tribunal de Garantías Constitucionales. Realiza una gran actividad parlamentaria política recogida en el libro, Dos años de agitación política, en dos tomos, destacando como brillante orador y apasionado líder popular, oponiéndose elocuentemente al dictamen de la Comisión constitucional de las Cortes Constituyentes de la segunda República.
Critica a sus redactores y ponentes por ignorar las Constituciones de otros Estados políticos que protegían a la Religión y por haberse guiado por la Constitución atea mexicana. Se opone vehementemente al divorcio por la sola y mera voluntad femenina sin causa alguna, al que llama "histerismo de la ley y privilegio irritante"; y al control estatal de las templos y establecimientos religiosos por ser una ingerencia política y por vulnerar la libertad de cátedra.
Manifiesta que, aunque el anticlericalismo pudiera estar justificado por la insolidaridad de ciertos sectores católicos burgueses más afectos a la monarquía que al evangelio, el dictamen o proyecto constitucional propina un duro golpe, no ya al clericalismo, sino a la propia fe que es santa, y esto es "nefando". Concluye diciendo, "¡anticlericales, todos por republicanos y españoles, pero sectarios, jamás!. "
Iniciada la Guerra Civil, en julio de 1936, se pone al servicio de la República. Viaja a Cataluña y pasa a Francia. Emigra a Argentina con grandes problemas y sin medios económicos, donde, en 1937, publica su libro, España en crisol, y ejerce de periodista. Pedida su repatriación, se salva gracias a dos amigos senadores y al director del periódico, Crítica.
Por presiones del clero argentino es expulsado de este país y refugia en Cuba, donde en un banquete popular en la Habana sufre un derrame cerebral que le deja hemipléjico. Sin medios económicos para sobrevivir, en condiciones sicofísicas deplorables, se traslada a Estados Unidos de América, donde fija su residencia en Tampa, Florida, viviendo gracias a un subsidio para exilados políticos y a la ayuda de grupo de estos. Aquí, une en matrimonio con su mujer, Carmen, que le había acompañado en su exilio, y de la cual tenía una hija.
Consumido por el dolor de su enfermedad y por el sufrimiento de su nostalgia de su querida patria gallega, "saudade y morriña", muere, 15 de noviembre de 1943, habiendo sido un gran tribuno popular de oratoria fácil y brava y de fuerza magnética y genial, en defensa de los derechos de los campesinos, frente al caciquismo foral gallego; y un gran defensor de la fe cristiana ante los políticos socialistas y republicanos de izquierdas de la segunda República Española. Entre sus escritos, abundantes en periódicos, revistas y publicaciones de su tiempo, merecen destacarse,
El cura rural (Ourense-1904), Por los agros Celtas (Madrid-1907), Hablando con los santos (Madrid-1909), Desde mi campo, el libro del periodista (Madrid-1912), Abriendo el surco (Habana-1913), Dos años de agitación política (Madrid-1933).

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