02 de mayo de 2008
02.05.2008
símbolos y patriotas gallegos

Juan Manuel Bedoya, un deán liberal e ilustrado

02.05.2008 | 02:07

Juan Manuel Bedoya Díez, conocido popularmente como el deán Bedoya y a quien merecidamente la ciudad de Ourense le dedica una de las mejores rúas, es un personaje muy importante dentro de la literatura, cultura, educación y política gallega en la primera mitad del siglo XIX, que, aunque no es un gallego nativo, lo es por adopción y méritos. Otero Pedrayo escribe en Cuadernos de Estudios Gallegos, "el deán Bedoya, sólo él sostiene una época rica de producción literaria, alimenta la imprenta, se preocupa por igual de las antiguas glorias orensanas y de la proyección en la ciudad de los acontecimientos de actualidad".
Hijo de Toribio Bedoya Palacios y de Josefa Díez Montilla, nace el 25 de junio de 1770, en Serna de Argueso, Reynosa, Cantabria. A los cinco años, sus padres le trasladan a la villa de Berlanga del Duero, provincia de Soria, para que su tío, Juan Manuel Bedoya Palacios, dignidad tesorero de la colegiata de Santa María del Mercado, se encargue de su educación.
Aquí, en Berlanga del Duero estudia las primeras letras, el catecismo de la religión católica y experimenta los primeros amores. Terminados sus estudios primarios, a los diez años, su tío le manda estudiar gramática latina y humanidades a Almazán; y a los 13 años, estudia filosofía y teología en el seminario de Sigüenza con grande aprovechamiento.
A sus 22 años, sin terminar sus estudios, es nombrado canónigo lectoral de la colegiata de Berlanga del Duero, en 1792. A los 23 años, obtiene la licenciatura y doctorado de teología en la universidad de Osma. Se ordena de subdiácono en esta ciudad, de diácono en Aranda de Duero y de presbítero en Huete por monseñor Solano obispo de Cuenca. Celebra su primera misa, el 24 de septiembre de 1793, en el convento de las religiosas de Santiago en Sigüenza.
En 1801, gana por oposición la canonjía de penitenciario de la colegiata de San Ildefonso en la Granja. Era, entonces, su abad, el arzobispo de Palmira, don Félix Amat, tío Félix Torres Amat, canónigo y futuro obispo de Astorga, con quienes mantiene una estrecha y constante amistad. Durante los nueve años de estancia en esta ciudad fue feliz.
Su felicidad se ve alterada, en 1810, al suprimir el intruso rey José Bonaparte dicho cabildo colegial y mandarle destinado a la suprimida inquisición de Málaga con gran disgusto suyo, de tal manera que se resiste a residir en esta ciudad. Durante un tiempo vive en casa de su hermana, casada con un comerciante, en San Lucas de Barrameda, donde le reciben y tratan con amor y cariño, y oposita brillantemente a la canonjía de magistral del Salvador de Sevilla, pero sin éxito.
El 4 de marzo de 1814, regresa a España el rey Fernando VII, el Deseado por los absolutistas del Antiguo Régimen y por liberales constitucionalistas, quien se niega a jurar la Constitución liberal de 1812 y abroga todas las leyes de las Cortes de Cádiz, menos, la ley de la abolición de los señoríos. Rehabilitada la plantilla de canónigos de la colegiata de San Idelfonso en la Granja, Juan Ramón Bedoya viaja a Madrid con la esperanza de volver de canónigo a la dicha colegiata, pero por envida y por política no pudo ser. Desilusionado, regresa a San Lucas de Barrameda.
Por Real Decreto del 29 de marzo de 1815, es nombrado canónigo de la catedral de Ourense, viajando por mar desde San Lucas de Barrameda a Pontevedra, y llegando a esta ciudad, el 4 de diciembre de 1815. El Ayuntamiento de Ourense tenía por entonces 1.050 vecinos y 5.300 habitantes, era una ciudad pequeña y arcaica, cuya principal figura era el obispo, futuro cardenal Quevedo, persona sumamente paciente y bondadosa, de quien escribe: "Para él ni los afrancesados eran traidores ni los liberales eran impíos; desde que llegué a Orense tuve la dicha de ser su súbdito y disfrutar de su trato".
El cabido de la catedral se componía entonces de los siguientes empleos de dotación real, de un obispo, 10 dignidades que por orden de precedencia eran deán, chantre, arcedianos de Castela, de Límea, de Varonceli y de Bubal, maestre-escuela, tesorero, abad de la parroquia de la Santísima Trinidad y arcediano de Ourense, abad del monasterio benedictino y arcediano de Celanova; y de 8 canónigos cardenales o presbíteros, 15 diaconales, entre ellos 4 de oficio, magistral, doctoral, lectoral y penitenciario.
Había también, 3 canonjías, una, unida al Santo Oficio y las otras dos a la fábrica de la catedral, 8 racioneros colativos y subdiaconales y otros 4 titulares y amovibles, que servían los oficios de maestro de capilla, sochantre, organista y contralto, 12 capellanes, 6 salmistas, un segundo organista, 4 acólitos o mozos de coro y 6 niños. En la capilla del Santo Cristo, un sacristán presbítero y dos acólitos. Además, dos oficiales de archivo y secretaría capitular, un bajón, un chirimía, 2 pertigueros, 2 barrederos, un campanero y un perrero. Toda esta plantilla y personal será reducido por los gobiernos liberales al suspender la provisión de vacantes.

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