Elsa Fornero es la ministra italiana que lloró al anunciar los recortes en el sistema de pensiones, con los que quieren ahorrar 6.000 millones de euros. Se ahogó al llegar a "sacri" en la palabra "sacrificio".

Fornero es economista y profesora, alto cargo del banco Intesa San Paolo y coordinadora científica de un prestigioso (sic) think-tank europeo llamado Cerp, relacionado con estudios sobre el Estado del bienestar. Resumiendo, ese centro de pensamiento sobre el Estado del bienestar es dinero de la Banca San Paolo en la Universidad de Turín.

En publicaciones profesionales, artículos para el diario Il Sole, 24 Ore y declaraciones a periódicos extranjeros, Fornero no ha parado de repetir que el sistema italiano era insostenible y que los políticos sólo perdían ocasiones de hacer las reformas necesarias, de aplicar los recortes precisos, en fin, el discurso común entre los economistas de la Universidad que trabajan para los bancos a través de fundaciones, prestigiosos (sic) think-tanks, blogs alegres y combativos y demás.

Hoy toca jugar a las elucubraciones con las lágrimas. Todos hemos visto llorar a mujeres y a hombres a lo largo de la vida, así que descartemos el componente llamado "de género". La latitud tampoco favorece el tópico nacional (Turín es Italia pero muy al Norte).

Lo que vemos, por primera vez, es a un tecnócrata llorando en pleno ejercicio de la tecnocracia. Mi hipótesis es que estamos ante la emoción de la victoria, esas lágrimas de podio, ese llanto de escenario y de corona. Después de tantos años sirviendo a quien se debe, imaginando sacrificios para quienes se debe, pidiendo sacrificios en la cátedra, en la tribuna, en los medios de comunicación, Elsa tiene, al fin, la capacidad de imponerlos.

Es el reconocimiento a una trayectoria, el premio a toda la vida de esta mujer que tanto se ha sacrificado para sacrificar a los demás.