En plena fiebre de recortes sociales, a la gran patronal española (CEOE) se le ha ocurrido la iniciativa de proponer la supresión de los llamados "puentes festivos", que estos días conoce uno especialmente largo al caer en martes el día de la Constitución y en jueves la festividad de la Inmaculada Concepción, o del milagro de la Virgen que quedó preñada por intercesión del Espíritu Santo sin cohabitar con su marido. La propuesta, muy detallada, ya ha sido notificada a los sindicatos y consiste en trasladar a los lunes la mayoría de las fiestas nacionales fijas, con excepción del 1 de enero, Viernes Santo, 12 de Octubre y Navidad. El resto de ellas, 6 de enero, 1 de mayo,1 de noviembre, 6 de diciembre y 8 de diciembre, serían objeto de trueque. Y lo mismo ocurriría con las fiestas nacionales optativas de 19 de marzo, 5 de abril y 15 de agosto, y con las autonómicas y locales, que ya no sé cuántas son, ni cuándo se celebran, ni con qué motivo. El argumento supremo de los proponentes es la pérdida económica que representan estas largas jornadas de ocio encadenado, y al objeto de calcularla se han servido del coste estimado de la huelga general del 29 de septiembre de 2010, que según sus datos se elevó a 4.830 millones de euros. Una cantidad sin duda fabulosa que, si la multiplicásemos por los cuatro días laborables que este puente le ha hurtado a la productividad nacional, nos daría la estremecedora cifra de 19.320 millones de euros, es decir, cuatro mil millones más que el brutal recorte que hizo Zapatero para ayudar a la economía española a salir de la crisis. Vistas las cosas desde esta perspectiva, y siendo tan fácil la fórmula del ahorro, lo que me extraña sobremanera es que los empresarios no se la hayan propuesto antes al presidente del Gobierno, con lo que nos hubiéramos evitado el disgusto de congelar las pensiones, bajar el sueldo a los funcionarios y subir el IVA dos puntos. A los pensionistas, pasar las fiestas nacionales al lunes les da igual porque para ellos todos los días son de merecido asueto y no notan la diferencia; y a los funcionarios, les incrementa en un día varios fines de semana al año. En cuanto al resto, consumidores finales en su inmensa mayoría, imagino que se darían por satisfechos con que el incremento del IVA no contribuyese a ponerlo todo más caro. Pero los beneficios no acabarían ahí. Los trabajadores que se pusieron en huelga para protestar contra los recortes sociales se hubieran evitado los correspondientes descuentos en la nómina. Y, por supuesto, tanto Zapatero como el PSOE hubieran salido mejor librados en las elecciones. ¿Sabían ya eso los empresarios y se callaron astutamente para beneficiar al PP? No podemos asegurarlo, ni caer en suposiciones maliciosas. En cualquier caso, la negociación para trasladar a los lunes buena parte de los festivos se presenta complicada. De una parte, en España el tiempo de trabajo al año se calcula por horas y no por días; y de otra, somos uno de los países europeos donde más horas se trabaja, aunque a algunos les cueste creerlo. Pero, además de eso, hay una dificultad añadida. A virtud de los acuerdos firmados con el Vaticano en 1979, todos los cambios sobre festividades religiosas deben contar con el visto bueno de la Iglesia Católica. Una entidad que (puestos a dar ideas sobre posibilidades de ahorro) nos cuesta al año unos 10.000 millones de euros.