02 de septiembre de 2012
02.09.2012

Primeras impresiones sobre unas elecciones anticipadas

02.09.2012 | 02:00

Desde siempre las presidenciales norteamericanas se celebran un martes de noviembre cada cuatro años. Sin adelantos porque allí el presidente no puede disolver las cámaras. En los regímenes parlamentarios, en cambio, la disolución es una facultad constitucional del presidente del gobierno pese a que las constituciones precisan también la duración de la legislatura. La disolución y adelanto de las elecciones era el instrumento con el que un presidente, incapaz de gobernar frente a un legislativo hostil y tan fraccionado como para derribarle y elegir a uno nuevo, remataba tan incómoda situación dando la palabra a los electores. Imposibilitada su acción de gobierno, el presidente disolvía el parlamento y convocaba elecciones. Más tarde, el protagonismo absoluto de unos partidos bien disciplinados dejó sin sentido la anterior justificación de la disolución. Hoy los gobiernos cuentan con una mayoría parlamentaria sólida sin riesgo de ruptura, salvo en raras situaciones, y la disolución anticipada, frecuente aunque sea en unos meses y practicada por todos los gobiernos, responde a su exclusiva conveniencia sin que a los electores les importe demasiado esta práctica. El presidente disuelve según sus intereses y cálculos y no hay más. Lo acaba de hacer Feijóo, con mayoría absoluta, convocando las elecciones para el mismo día que las vascas, también anticipadas. El asunto no da para más ni importan demasiado los motivos aducidos.

Tiempo habrá para comentar la precampaña, la campaña, los sondeos, las listas y si cuadra, hasta para hacer apuestas. De momento unas impresiones adelantadas. La competición por los 75 escaños es a tres como desde 1993 porque ni UPyD, ni Conde, ni los escindidos del BNG, ni siquiera EU tienen apoyo para acceder a la cámara salvo, claro, que los tres que cuentan se den un batacazo, ni previsible ni deseable. Nada ganaríamos con seis o siete fuerzas en la cámara salvo dificultades para formar un gobierno estable que es lo que hoy, más que nunca, se necesita. La competición por el gobierno es a dos, el PP y la sociedad PSdeG/BNG. Los populares arrancan con la ventaja de un líder experimentado en la presidencia y con total apoyo del partido, con imagen, dentro y fuera, de buen gestor, de político honrado y discreto en sus declaraciones, salvo esa de que "Galicia paga y Cataluña pide", como si Valencia y Murcia no fuesen del PP y como si ganara Galicia abriendo frentes contra otros territorios, y con el aval de haber hecho firme y aseadamente los ingratos y duros deberes que exige la crisis. Los socialistas salen con el pie cambiado. Vázquez no se ha confrontado en primarias ni tiene experiencia presidencial. Nada sabemos de sus pactos para un gobierno estable, unido y proporcionado con un socio incómodo ya en el bipartito. El BNG con fugas y un líder que nunca gobernó. Socialistas y nacionalistas descalificaron a Feijóo antes, y después, de cumplir cien días en la Xunta con gran radicalidad y esa no parece la mejor oferta electoral para salir de una crisis tan profunda y general. Y queda, en fin, lo que da de sí la abstención por indignación o hastío.

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