14 de septiembre de 2012
14.09.2012
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EL TRASLUZ

Mesianismo inverso

14.09.2012 | 02:00

Recuerdo, como si hubiera sucedido hoy, el primer día que me tomé un plato combinado. Fue en un bar con aspiraciones a cafetería cercano a mi trabajo. Hasta entonces, nos llevábamos la comida al curro en una tartera (todavía no existía el tupper), pero el progreso, de súbito, nos trajo el plato combinado, que era una obra de arte donde convivían el huevo frito, el filete de ternera y el arroz con plátano frito. Además, te lo tomabas sentado a la barra, sobre un taburete de barra americana. Parecíamos otros. El plato combinado llegó más o menos al tiempo del pollo asado para llevar.

-¿Qué comemos este domingo?

-Compra un pollo asado y déjate de líos.

Eran tiempos felices, en los que estaba escrito que los hijos llegarían más lejos que los padres y los nietos alcanzarían cimas de progreso con las que los abuelos ni se atrevían a soñar. El plato combinado, el pollo asado, los bares con toques de cafetería en las que las señoras podrían tomarse unas tortitas con nata al caer la tarde... Todo se lo ha llevado el viento. Vuelve la tartera, cierran los establecimientos de comida preparada, las cafeterías devienen en bares de mala muerte, con su cucaracha incluida, y está escrito que los hijos serán menos que los padres y los nietos menos aún que los abuelos.

La cosa está tan mal que los millonarios franceses prefieren ser millonarios belgas, pese a que, según el chiste, si quieres distinguir a un belga de un francés en un aeropuerto, observa quién echa miguitas de pan a los aviones. Ese es el belga. Tiempos difíciles en los que, excepto los catalanes, nadie quiere ser de donde es porque ser de donde se es resulta atroz. Hace unos días, regresó de Finlandia un vecino mío de 30 años, que no ha encontrado trabajo desde que terminó Arquitectura.

-¿Cómo te ha ido? -le pregunté en el ascensor-.

-Bien, estoy buscando el modo de hacerme finlandés.

Entre tanto, las autoridades, tan aficionadas a las grandes promesas en la oposición, practican ahora un mesianismo inverso, basado en negar la existencia de la Tierra Prometida. No existe, lo sabemos, pero devuélvannos al menos el plato combinado.

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