21 de diciembre de 2012
21.12.2012

Las fabulaciones sobre el accidente del buque 'Cason'

Capitán exdirector general de la Marina Mercante

21.12.2012 | 06:05

El 5 de diciembre se han cumplido 25 años del accidente del buque Cason en las costas de Galicia. El suceso se saldó con 23 tripulantes muertos e irrelevantes daños medioambientales, así lo acreditan los dictámenes oficiales. En estos años el interés por investigar las causas de la embarrancada y las circunstancias en las que murieron dichos tripulantes ha sido escaso. Sin embargo, desde los primeros días el Cason fue objeto de todo tipo fabulaciones, y aún a día de hoy, hay quienes pretenden acuñar como verdades históricas lo que no son más que puras falacias. Y lo son porque sus autores no han aportado ni una sola prueba rigurosa que acredite su rocambolesca versión de los hechos.

Los hechos probados son los siguientes:

A las 05.51 del día 5/12/87, el Cason lanza un SOS, con incendio a bordo, requiere asistencia inmediata. El Cason se encontraba en un temporal. El mensaje fue captado por una estación de Telefónica, llamada Diana, que da traslado del SOS a la Capitanía General de El Ferrol. A las 06.35 Capitanía ordena la movilización del remolcador Remolcanosa Cinco, pero este no sale de Vigo hasta las 08.00 llegando a la altura del Cason pasadas las 15.00. Es decir, más de nueve horas después del SOS.

A las 07.00 parten del Alvedro dos helicópteros (SAR + Armada) que poco después quedan sin combustible. Una parte importante de los náufragos mueren presumiblemente por hipotermia. La temperatura de la mar era de 11,4 ºC.

Según testigos presenciales, el R.5 embarrancó el Cason en un "carreiro" cerca de la Playa do Rostro. Luego lo saquearon. No extinguieron el incendio.

La DGMM tenía competencias en salvamento, sin embargo ni las costeras, ni la Armada, ni Remolcanosa, que tenía un contrato en vigor con la DGMM, informaron a esta de lo ocurrido hasta consumado el desastre. ¿Por qué?

En resumen, la DGMM no tuvo responsabilidad alguna en la gestión del accidente náutico del Cason. Sin embargo, tuvo que hacerse cargo de un barco embarrancado, incendiado y expuesto en pleno invierno a los sucesivos temporales que azotan A Costa da Morte.

Después de la embarrancada, Remolcanosa firma, a espaldas de la DGMM, un contrato con Weismuller y Smit para el salvamento del barco y su carga. Curioso, ¿verdad? El Ministerio de Transportes consideró que el contrato debía ser suscrito directamente por la DGMM con las mencionadas empresas, y así se hizo. A partir de ese momento se desata una insidiosa campaña mediática en la que se disculpan o se ocultan las verdaderas causas de la embarrancada y se acosa a la DGMM. Son numerosos los documentos que así lo demuestran.

Las primeras noticias que causan alarma.

El comandante de Marina de la Coruña, gestor directo hasta la embarrancada, recibe a los representantes de la naviera del Cason, quienes le informan de lo ocurrido y le entregan documentación sobre la carga del barco. La información que el comandante facilita a los medios de comunicación es técnicamente pobre, pero suficiente para crear una gran alarma en la población.

Carga misteriosa, temblores de tierra, bidones y nubes tóxicas, mortandad de aves, rotura de cristales, descalificación de los expertos, falta de colaboración, etc.

Sería prolijo describir uno por uno los infundios y falacias que se publicaron o se divulgaron en las semanas posteriores a la embarrancada, pero sí es justo dejar constancia de una serie de hechos acreditados documentalmente.

La DGMM no tuvo colaboración alguna por parte del Comandante de Marina, pero una vez analizados los manifiestos de carga, e identificadas la mercancías peligrosas, elaboró un informe detallado en el que se daban cuenta de la cantidad, tipo de envase, clase, nº de identificación y características de todas y cada una de las mercancías peligrosas que transportaba el Cason. Dicho informe se hizo llegar a las autoridades responsables en la madrugada del martes 7 de diciembre.

La DGMM hizo constantes llamamientos a mantener la calma, argumentando que no había razones para el catastrofismo que algunos auguraban.

Es falso que se formase una nube tóxica que afectase a las poblaciones próximas.

Es falso que se produjesen temblores de tierra u ondas expansivas que se hiciesen sensibles en Corcubión. Un dato muy significativo es que los cristales del puente del Cason se mantenían intactos después de las espectaculares deflagraciones del sodio.

Es falso que se produjesen roturas de los cristales de los caseríos próximos al acantilado como llegó a publicar un gran medio.

Es falso que a bordo del Cason hubiese materiales radiactivos. Así lo desmienten todas las mediciones realizadas por organismos especializados.

Es falso -por sentido común- que se descargasen clandestinamente mercancías de las bodegas del barco durante la noche. No era posible acceder. Es falso que el Cason embarrancase a consecuencia del supuesto temporal, porque la mar ya se había calmado.

En ningún momento se registró contaminación de las aguas marinas más allá del entorno de operaciones del barco. Así lo acreditan las mediciones realizadas por distintos organismos públicos y privados.

Es falso que los asesores de la DGMM, nacionales y extranjeros, no fuesen personas altamente cualificadas y acreditadas por Europa.

Durante todo el proceso de descarga, hubo presencia permanente de consultores encargados de registrar día a día todas las operaciones realizadas.

En estos 25 años ninguno de los "fabuladores casonianos" ha podido acreditar documentalmente o mediante otro tipo de pruebas consistentes la veracidad de sus afirmaciones y ni tan siquiera justificar sus presagios apocalípticos.

Lo cierto es que la compleja operación de descargar y desguazar el barco en la zona y circunstancias anteriormente descritas fue realizada eficazmente y sin que se registrasen bajas o lesiones reseñables.

La evacuación de los vecinos fue provocada por los infundios de aquellos que, haciendo caso omiso de la información recibida, se dedicaron a sembrar el pánico, como lo hicieron también algunos conocidos voceros alentados desde Madrid por lobos hambrientos de poder.

La Dirección General se mantuvo en todo momento en la zona, permaneciendo muy cerca del Cason el día que se produjeron las deflagraciones más intensas del sodio, demostrando que no había peligro para la población. Varios periodistas les acompañaron y pudieron certificar con su propia experiencia que las deflagraciones del sodio, a pesar de ser muy espectaculares, no producían efectos más allá de unos pocos metros de su foco de ignición. Sensatamente no había razones para invocar a Chernóbil, a la bomba atómica, y mucho menos para inventar viajes fantasmas del Cason y misteriosos cargamentos en las bodegas. El tiempo lo ha demostrado con creces.

Comparar el accidente de Cason con el del Prestige es una pura fantasía literaria. Sería deseable que, de una vez por todas, el fantasma del Cason no sea utilizado como cortina de humo para ocultar la verdadera causa de un hecho delictivo, que de haber sido juzgado con todas las consecuencias, se hubiesen evitado otros posteriores de la misma naturaleza, como el Vishva Mohini, etc. El Prestige es un magnífico ejemplo de lo que ocurre cuando se mezclan negocio y riesgo.

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