04 de julio de 2013
04.07.2013
un minuto

La eficacia silenciosa de un sacerdote

04.07.2013 | 00:00

l martes falleció a los 79 años don Manuel Allo, sacerdote párroco de Fátima. Estuve ante sus restos mortales expuestos en su iglesia -nunca mejor dicho suya porque fue su fundador y titular de lo que hoy es parroquia-santuario de Fátima- ofreciendo mis pobres sufragios por él, pero sobre todo pidiéndole que siga ayudándome a mí y a los míos porque era mi párroco y siempre fue muy solícito con sus feligreses. Y con todo el mundo por lo que oigo de otros muchos coruñeses de sus años como coadjutor en las parroquias de san Pedro de Mezonzo y de Sta. Lucía. Le conocí y traté más después de la dolencia vascular sufrida que le limitó el habla y otras funciones, pero eso en nada mermó su tremenda eficacia espiritual. Al final de su trayectoria sacerdotal parece como si Dios le recompensase sus limitaciones con una redoblada eficacia silenciosa -su habla era más un susurro entrecortado que un discurso- que hacía patente la acción de Dios. Con frecuencia, pero cuando menos cada mes, al final de un retiro espiritual que se celebraba en la parroquia, coincidía con don Manuel que acudía para revisar el templo, apagar luces y cerrarlo. Con su característico balanceo avanzaba silente por la nave descubriendo cualquier cosa olvidada en los bancos, enroscaba el cable del micro que no habíamos sabido enrollar, y te insistía para que tú te fueses a casa que él recogía el resto. Así hacía siempre con todo, que a todo llegaba. Sin grandes aspavientos levantaba generosos recursos para las iniciativas parroquiales que supo sacar adelante y que ahí están, a la vista de todos, haciendo de la bajera de un edificio de viviendas un templo al que da gusto acudir. No sé ni puedo cuantificar los frutos de su eficacia espiritual -de eso solo sabe Dios- pero por el aprecio que le teníamos todos los que le tratábamos estoy seguro que ha sido un digno sacerdote de Jesucristo que sacó mucho rendimiento a los talentos que Dios le dio y que se ha presentado ante el Maestro, que estará muy contento de don Manuel, con las manos llenas.

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