07 de junio de 2018
07.06.2018

Después de la tormenta

07.06.2018 | 01:55
Después de la tormenta

Pasó la moción de censura, como pasan en la vida tantas cosas importantes, cambiando en un momento todo a su paso. Casi nadie daba nada por ella y muchos habrán aprendido de mala manera aquello de no subestimar jamás al contrario.

En el Congreso, aunque el pasado jueves se guardaron mejor las formas que otras veces, la mayoría de los parlamentarios desperdiciaron una vez más la oportunidad de hacer buenos discursos. Y es una lástima porque la buena oratoria inspira, alienta y moviliza naciones. Pero en nuestro Parlamento, con excepciones, las palabras cada vez caducan antes. No hay más que repasar la sucesión de citas de socialistas, con nombre y apellidos, que hace nada juraban que ni para una moción de censura se apoyarían en separatistas o populistas. A veces, en política se producen transfiguraciones tan llenas de misterio como aquellas Vidas de Santos de la infancia.

Pero Mariano Rajoy, que tiene un buen histórico de brillantes intervenciones parlamentarias, estuvo bien y en su línea. Ejemplar fue en el minuto y cuarenta segundos en que dio las gracias, dijo adiós y declaró que ser el presidente de su país ha sido el mayor honor de toda su vida. Poco después, y para sorpresa de muchos, dijo adiós también a la presidencia del PP.

Así que, con Sánchez en la Moncloa y Rajoy organizando la sucesión, la moción de censura en la que nadie creía ha abierto un escenario completamente nuevo en la política española.

En cuatro días el PSOE parece haber superado las vacilaciones que hicieron que, el jueves pasado, a Pedro Sánchez sólo le faltase hincarse de rodillas para pedir a Rajoy que dimitiese y evitar hacerse cargo de un gobierno de apoyos pírricos y contradictorios. Pero metido ya en la vorágine de nombramientos estelares, la adrenalina parece hacerle olvidar que su asalto al grito de "regeneración" le exigirá tributo a medida que se diriman sus propias causas judiciales, mientras los graves desafíos que afronta España han empezado a enseñar los dientes desde el minuto uno.

Ciudadanos y Podemos aún no saben el papel que les tocará jugar, y el Partido Popular abre un Congreso de relevo con buenas dosis de desafío. Es evidente que los incuestionables logros de Rajoy en la gestión del país no quitan que sea necesaria una puesta a punto del partido, una intensa revisión de fondo y forma.

Me viene a la mente un día, hace unos años, en que un director de Abanca me decía que la gente para la que Caixa Galicia había sido su banco de toda la vida, aún después de las preferentes, aún después del cierre de la financiación que hundió tantos negocios, aún después de haber ejecutado hipotecas sin piedad? aún así, muchas personas acudían a su sucursal de siempre y pedían que les dieran "un motivo para volver". Algo que ya ha conseguido la nueva dirección que, según creo, ha recuperado casi la totalidad de una clientela que sentía al banco tan suyo como una Estrella Galicia, el Dépor o los churros de Bonilla.

Si se hacen bien las cosas, creo honestamente que en el Partido Popular puede pasar algo parecido. Porque es evidente que los millones de personas que han apostado por el PP durante años, algunos toda su vida adulta, no lo han hecho porque son malvados fascistas o ladrones corruptos, por mucho que se repita esta injusta consigna. Para la inmensa mayoría de esos millones de personas hay una profunda cuestión de identidad, valores y responsabilidad, casi siempre desinteresado, con frecuencia idealista. Y, en un momento en que voces independentistas y populistas ponen constantemente en cuestión los fundamentos mismos del país, de la ley y de la libertad, muchos creen en su responsabilidad de plantar cara y defender con orgullo sus ideas.

A lo mejor cuando se ha perdido el Gobierno, cuando se dictan sentencias que obligan a sentir vergüenza y a pedir perdón, cuando las encuestas recogen un trasvase masivo de votos a otras opciones políticas, cuando muchos esperan que se alcen los cuchillos de la ambición? a lo mejor ése es el momento y la oportunidad de que el Partido Popular afronte sin miedo una renovación ejemplar, vuelva a las ideas fundamentales con la visión de nuestro tiempo, mire al futuro de frente y dé motivos a muchos para que vuelvan a casa.

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