09 de junio de 2018
09.06.2018
Shikamoo, construir en positivo

Redes y mala baba...

09.06.2018 | 01:29
Redes y mala baba...

Tengan ustedes buenos días, señores y señoras. Saludo habitual que les brindo, para pasar directamente al tema. Pero déjenme antes, fiel a mis propias costumbres, que repare en lo avanzado de este mes de junio. Vamos quitando hojas del calendario a ritmo de vértigo. Estamos a las puertas del verano, una vez más. Suma y sigue. Y menos mal que seguimos aquí, sumando... Si en un par de artículos, como les digo siempre, estaremos comiendo las uvas...

No me digan ustedes, además y por cerrar estas cuestiones previas que nos contamos al oído, aquello de que el tiempo no ayuda. A mí me gusta así, y aunque no me parezca nada mal que se intercale algún día algo más soleado con estos más lluviosos que junio nos está deparando, prefiero la configuración que tenemos ahora -que sé que provoca las quejas de muchos de ustedes- que otra sólo a base de achicharrantes días de luz plana, termómetros disparados y sudores que complican la actividad física y la cotidianeidad. Mejor así, desde mi punto de vista. Agua, que es buena parte de nuestra riqueza, y unas temperaturas la mar de agradables. Hoy, sin ir más lejos, hemos vivido unas lluvias a la guatemalteca, al mediodía y muy intensas, que me trajeron evocación de esa mágica tierra. País al que, por cierto, déjenme que recuerde también ahora en clave de tristeza, por todas las víctimas que ha traído la erupción del Volcán de Fuego.

Pero insisto, al tema. Y este que les propongo es, a raíz de un par de experiencias profesionales que me han ocurrido esta misma semana, las llamadas redes sociales, que con tanta fuerza han irrumpido, a partir de la nada, en nuestras vidas. Y, más en concreto, el alto nivel de conflictividad verbal que se percibe en torno a ellas. O, ampliando aún más el foco, ya no en las redes, sino en todo aquello que aúne un cierto nivel de compulsividad y, la mayoría de las veces, anonimato. Aquello que, a partir de la lectura de lo que dice alguien o del análisis de una imagen, permita un juicio de valor rápido, que se esgrime en caliente sin mucha mayor consideración. Y el resultado es terrible.

Redes que a menudo confunden libertad con insulto, con desprecio, con calumnia, con acoso o con amenazas. Y que, por supuesto, nos hacen perder precisamente la oportunidad de quedarnos con un ejercicio crítico verdaderamente interesante y constructivo, basado en la libre confrontación de las ideas para, a partir de ahí, crecer todos. Instrumentos de ataque muchas veces preconcebidos, y enmarcados en los tópicos más absurdos, caducos y poco fundamentados que nos podamos imaginar. Todo prescindible.

Si a eso sumamos que muchos de esos comentarios ni siquiera parten de información real, sino de elementos de desinformación que pueblan nuestros patios virtuales -interesada y muchas veces muy bien orquestada sirviendo a unos objetivos concretos, emitidas incluso bajo el auspicio de servicios secretos oficiales de terceros-, peor todavía. Muchos de los incendiarios comentarios en la red son, así, reacciones a lo que, de partida, es clara mentira. Pero la capacidad de discernir dentro de esa bola de nieve que es la red se ha visto que, muchas veces, es un tanto limitada. Y el resultado, sin duda, para echarse a temblar.

O ello o, por higiene mental, se prescinde muy habitualmente de los análisis y hasta del canal mensajero de semejante nivel de agresividad presente en la virtualidad. Y, entonces, ese instrumento de expresión que es la red concreta -que habíamos bendecido como útil- se diluye o se pierde. Esto termina afectando al conjunto de lo virtual, que no se libra de semejante lacra para constituirse definitivamente en válido. Está lastrado por, entre otras cosas, este problema.

En fin... ya saben, la condición humana, que se evidencia sobre todo cuando los hados le son propicios... Les dejo. Seguiré admirando la lluvia. Dicen que es gratis, y a mí ya saben que me fascina...

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