11 de julio de 2018
11.07.2018

El buen embajador

11.07.2018 | 00:54
El buen embajador

No sé si están siguiendo las peripecias del pianista y escritor James Rhodes, que se instaló en Madrid en 2017. Su cuenta de Twitter es una gozada, plena de ironía, inteligencia y amor, a su manera, a España. No raja, no denosta al país. Lo compara. Alaba la merienda. Gusta de nuestros horarios gastronómicos. Se pasma de los hábitos saludables y de los no saludables; dice que no estamos influidos por moralistas. Le gusta el ritmo tranquilo (¿tranquilo?) de Madrid frente a toda esa gente apresuradísima de Londres. Fastidiará a los nacionalistas esta loa a España. Loa no babosa, no patriotera. España es un gran país. Nos lo repite de continuo. Los españoles somos muy incrédulos frente a la idea de que España mola. "Inventásteis la siesta y aún así sois uno de los países donde más se trabaja", dijo en una carta en El País.

Ha visitado Sitges, Sevilla, Granada, Cuenca, Vigo, Vitoria o Zaragoza entre otros lugares. Se preocupa por conocer nuestra diversidad. También sabe que hay problemas. Y los detecta. Pero su mirada es nueva y foránea y por eso atractiva. Cuelga fotos del interior de su nevera. Se maravilla de que tengamos tantas palabras para designar el acto de comer. Le seduce no almorzar a las 12.30. Le gusta Carmena y dice que por qué no dejamos a "esa abuelita" gobernar España unos meses. Esta opinión, sí, es discutible, pero tierna y enternecedora. Es un genio no altivo. Rhodes sufrió mucho de pequeño, abusos sexuales incluidos, y dice que España le ha ayudado mucho a superar traumas. Disfruta. Lee. Mira. Se relaciona. Le podría salir un libro mitad cachondo mitad antropólogo con finas, y también críticas observaciones sobre nuestro comportamiento. Ve nuestro sol como un lujo. Goza. El suyo es un hedonismo no superficial. Una sociología no pedante. Critica a Iberia. Le pierden las maletas. Se asombra de que Madrid le tenga dedicada una calle a la Thatcher. Dice que si desayunas en una cafetería en Zurich has de hacer un crowdfunding para pagar la cuenta. Arremete contra Trump. Cuelga poemas. Aprende verbos. Divierte y es divertido. Da las gracias. Pide ayuda. Turespaña lo debería tener en nómina. Sus impresiones se leen en todo el mundo. Vivan los churros. Al fin un embajador como Dios manda. Y encima suele animar a la Selección. A España, quiero decir.

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