02 de diciembre de 2018
02.12.2018
Editorial

Los retos del tratamiento de la basura en la planta de residuos de Nostián

02.12.2018 | 01:03
Los retos del tratamiento de la basura en la planta de residuos de Nostián

La auditoría realizada por KPMG sobre Nostián en 2012 auguraba un futuro negro para la planta de tratamiento de residuos orgánicos coruñesa. El informe, que fue encargado por Carlos Negreira a su llegada a María Pita, pero cuyas preocupantes conclusiones no se dieron a conocer hasta dos años después, en 2014, ya en las postrimerías de su mandato en la Alcaldía y obligado por una sentencia judicial, alertaba de que era preciso reformular el sistema de recogida y tratamiento de basuras ante los incumplimientos de las condiciones del contrato por Albada, cuya concesión del servicio finaliza en 2020.

La auditoría ponía en duda la capacidad de la concesionaria para gestionar la planta de Nostián por la delicada situación económica de Albada, que acumulaba entonces un déficit de 43 millones y abultadas pérdidas continuadas en sus ejercicios desde 2005, que en el año 2009 alcanzaron un alarmante techo de casi diez millones.

Una de las razones de ese desfase económico arranca ya desde el inicio de la concesión. La puesta en marcha de Nostián tuvo un sobrecoste del 50%, que pasó de los 52 millones estimados por Albada a los 78 millones que hubo que invertir realmente, debido al mal funcionamiento de la planta y a una cadena de averías en componentes técnicos claves como los biodigestores, el vertedero para los residuos no reciclables y la nueva nave para producción de combustible.

Los interrogantes que planteaba la auditoría sobre la viabilidad del servicio se centraban en los insuficientes índices de reciclaje de la basura, del 47% frente al 65% proyectado inicialmente por Albada, y de producción de energía, mermada por la avería de los biodigestores en 2005. El informe hacía hincapié también en que el compost obtenido no se ha logrado comercializar nunca por su deficiente calidad.

Una de las advertencias del estudio, que urgía a solucionar el grave problema medioambiental por el colapso que arrastraban desde 2007 los depósitos de basura no reciclable, cuyo imprescindible sellado requería una inversión millonaria, se convirtió en una heredada batalla judicial y administrativa del actual Gobierno local para evitar que la factura recaiga en el erario público coruñés. La Xunta emplazó ya en septiembre de 2017 a Albada a sellar el vertedero, pero el incumplimiento de la concesionaria se ha saldado en marzo de este año con una multa de 60.000 euros, obviamente más económica para Albada que los 3,5 millones que cuesta la necesaria operación.

Uno de los productos estrella que figuraba en el contrato inicial de Albada era la producción de compost para su venta, que la realidad dejaría en agua de borrajas. Entre 2000 y 2008 el compost generado en Nostián tendría que haber rendido unos tres millones de euros, pero se quedaron a cero. En los años posteriores, esa sustancia no solo no generó rendimientos económicos, sino que obligó a asumir gastos por la gestión de los rechazos.

El problema del compost no se limita al tratamiento de la basura, sino a su recogida. Para producir compost de calidad del tipo A, el único apto para la venta, hacen falta unos residuos que no llegan a Nostián en condiciones.

El nuevo contrato municipal de recogida de basuras incluye medidas para propiciar que la planta de Nostián genere por primera vez compost de primera calidad que pueda ser vendido en el mercado. El Concello pondrá en marcha un servicio específico de recogida de restos orgánicos en comercios de hostelería, restaurantes y supermercados, que generan enormes cantidades de este tipo de basura.

Con esta iniciativa se avanza en dos objetivos: lograr un residuo capaz de generar compost óptimo con menos de un 5% de materia impropia y facilitar el reciclaje, cuyo porcentaje no ha alcanzado nunca unos niveles sostenibles, ya que este importante volumen de basura orgánica llegaría a Nostián separada de origen.

La finalización del contrato de Albada en 2020 es una oportunidad para revisar en profundidad un servicio básico para la ciudad y el área metropolitana de A Coruña, que ha tenido importantes lagunas durante las dos últimas décadas. El Concello ha contratado con la empresa Enerlan una nueva auditoría que está a punto de ser entregada, cuyas conclusiones servirán como base de un proyecto técnico con las propuestas de inversión necesarias para mejorar el funcionamiento de la planta de Nostián.

El futuro del servicio de tratamiento de la basura debe tener una visión supramunicipal. El Gobierno local de A Coruña tomó la decisión hace unos días de dar voz a los municipios del Consorcio As Mariñas en las reuniones para elaborar los pliegos de condiciones para sacar de nuevo a concurso la gestión de Nostián, que da servicio a la comarca, con la salvedad de Arteixo, que optó este año por sumarse a Sogama.

El área coruñesa tiene en el horizonte inmediato la necesidad de diseñar un sistema de tratamiento de basura que mantenga la identidad ecológica con la que se pretendió poner en marcha Nostián hace dos décadas, pero con el desafío de dotarla de unos niveles de eficacia, rentabilidad y sostenibilidad que nunca se lograron con Albada.

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