08 de diciembre de 2018
08.12.2018
Shikamoo, construir en positivo

Fútbol... ¿fútbol?

08.12.2018 | 02:00
Fútbol... ¿fútbol?

Tengan ustedes buenos días, buenas tardes y buenas noches... Tengan ustedes buen día, vaya. Una nueva jornada en este calendario común de nuestras vidas, en la que volvemos a juntarnos, de alguna manera. Y en la que podemos pensar juntos sobre las cosas de todos.

Hoy quiero hacerles una pregunta directa y concisa, de esas que me sirven para abrir boca en los temas que voy seleccionando... Quiero preguntarles, así a bocajarro... ¿con qué vibran ustedes? ¿Qué es lo que les emociona? Porque, no cabe duda, incluso personas tan racionales como yo tenemos nuestras emociones. Pocas o muchas, con límites más amplios o menos, pero es parte de la experiencia de ser persona. Pero ¿cómo canalizan ustedes tales emociones? ¿A qué o a quién las dirigen?

Como les digo, unos somos -o son- mucho más emocionales que otros. ¿Hasta qué punto? Porque yo puedo estar interesado en esto, lo otro o lo de más allá. Pero, les aseguro, no hasta los extremos que estoy viendo y leyendo, y con los que estoy quedándome perplejo, a pesar de haber sido consciente de ello en innumerables ocasiones... Me refiero, y termino de meterme en harina, a lo que se cuenta en torno al derbi de eso que llaman deporte, y que yo sigo insistiendo que es mero espectáculo, tantas veces poco alineado con los valores reales de tal actividad deportiva, y que en esta ocasión, cargado de problemas, viene del otro lado del charco. Es la final de la Copa Libertadores, que después de haber cosechado graves y muy violentos episodios en Argentina, nos ha llegado a España, con amplio dispendio en seguridad, que todavía no tengo claro quién pagará.

Pero vamos a lo nuclear del tema... ¿Les parece normal tanta pasión por algo tan externo a uno, por mucho que venga revestido de colores patrios y épica de trinchera? Antes de que me critiquen, les diré que a mí me gusta jugar al fútbol, como forma de hacer deporte, pero de ahí a adscribir buena parte de la ilusión de uno a la trayectoria o a los goles de un determinado equipo o, peor aún, a instilar odio y violencia a partir de la aritmética de un puesto en la Liga, en la Copa o en cualquier otro campeonato, creo que hay un mundo... En serio, ¿no les resulta pobre como forma de gastar tal cantidad de energía dentro del exiguo cono del espacio-tiempo de cada uno?

Sí, yo soy de los que piensan que a esta sociedad se le ha ido un poco la mano, hace tiempo ya, en esto del fútbol-espectáculo. Una actividad que no deja de ser de unos pocos, de una industria que vive fenomenal de ello, pero con un nivel de seguimiento y emoción colectiva tal, que pareciese tratarse de algo mucho más coral. Algo que, verdaderamente, salpicase de interés a toda la comunidad. Y yo eso mucho no se lo veo... ¿Tan alienados estamos, que nos apegamos a eso porque, quizá, no tenemos mucho más como ilusión y real proyecto común?

De tal panorama que rodea a las grandes citas del deporte-espectáculo, existen tristes derivadas que afectan a los más jóvenes. Partidos parados, literalmente, por las trifulcas montadas por progenitores exaltados que no aciertan a atinar sobre eso del papel educativo del deporte, o agresiones de toda índole a árbitros o a quien se tercie. Focos de violencia en pequeñito, que se materializan de la forma más exagerada y lacerante en las grandes citas, como la que estos días acoge Madrid. ¿Realmente hay que protegerse de quien solamente pretende asistir a un espectáculo? Pues ya ven cómo está el patio...

Es terrible que dos facciones de seres humanos se peguen. Y, mucho más, que se maten. Cuando lo hacen, además, por algo como esto, aparte de execrable se convierte realmente en estúpido. En gratuito. En absurdo. Claro que esto, a pesar del ruido, no deja de ser minoritario... Estoy seguro de que muchos de los que han llegado de América para ver el partido solo quieren disfrutar y seguir a su equipo. Pero la actualidad nos está indicando, también, que otros vienen a otra cosa. Y, eso, no. Mejor no. Porque ni es bueno para ellos, sean del equipo que sean, ni para nadie. Y no hace gran favor al propio respeto que podamos merecer como especie humana...

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