22 de diciembre de 2018
22.12.2018
Shikamoo, construir en positivo

¡Feliz Solsticio! ¡Feliz Navidad!

22.12.2018 | 01:03
¡Feliz Solsticio! ¡Feliz Navidad!

Hablábamos hace unos días, en una precuela de esta columna, de que pronto nos encontraríamos en el solsticio de invierno. Una fecha mágica, celebrada con alegría en la antigüedad, y que supone una especie de paso icónico de la sombra a la luz. Hoy, ya en tiempo real, es el día. Y es que, desde las once y pico de la noche de ayer, podemos decir que, una vez más, el Sol se ha situado en el punto más bajo sobre el horizonte, lo que determina la especial incidencia en invierno de los rayos solares y, consecuentemente, su menor capacidad para calentar estos pagos en los que moramos y reímos. Habrá llegado el invierno.

A partir de aquí, de ese día más corto del año y de la noche más larga, comienza la fiesta. El lento camino hacia una nueva eclosión de la Madre Naturaleza, dentro de tres meses. Pero, antes, nos queda el regalo del invierno. Una estación que a mí me ha apasionado siempre, y más cuando -como hace unos días- tengo la oportunidad de visitar lugares para mí de culto, como la Peña Ubiña. ¡Cuánta belleza y serenidad me comunica la montaña, especialmente en invierno, tan solo comparable a la que me brinda el mar!

Ya desde antaño, como saben y como comentábamos también hace unos días, se hizo coincidir cronológicamente la fiesta del Nacimiento de Cristo con aquellas celebraciones en honor a la cada vez mayor presencia del Astro Rey presidiendo la bóveda celeste, de aquí al solsticio de verano. Fue en el Concilio de Nicea, año 325, cuando se tomó esa decisión y, desde entonces, aquellas fiestas telúricas se tiñeron de Navidad. Desde entonces, todo ha ido evolucionando y cambiando, desde el episodio del paso del Santa Klaus verde al rojo, color corporativo de una conocida marca de refrescos, hasta la configuración más actual de este período, tal y como hoy lo conocemos. Ya ha llovido, sí, desde entonces.

Pero el solsticio y la dimensión cosmológica de nuestra realidad colectiva son inmanentes. Como les digo siempre, y les contaba hoy a un grupo de chavales nerviosos ante las vacaciones, cada día, cada minuto y cada segundo son estupendos momentos para emocionarnos ante ello. Porque, por más que nos centremos en realidades operativas, y en que los titulares de la prensa se refieran a nuestra forma de organizarnos y a los actores que aspiran a liderar tal menester, todo ello no deja de ser un tanto costumbrista y de rango menor. Lo gordo, lo mollar y lo nuclear es que seguimos dando vueltas en el espacio, a bordo del planeta Tierra, en una zona periférica de la Vía Láctea, que con Andrómeda y otras cuarenta galaxias forman el llamado Grupo Local. Si eso lo multiplicamos por el enorme número de cúmulos galácticos que conocemos, y le añadimos todo aquello que no somos capaces de conocer o entender, es entonces cuando la cotidianeidad se nos antoja un tanto ridícula, y la capacidad de maravillarnos, emocionarnos y darnos cuenta del privilegio que es vivir, conocer y descubrir, adquiere una dimensión superlativa.

Es en ese contexto en el que yo vivo fechas como las de hoy, estas noches de solsticio como la pasada, y estos días familiares y entrañables, que van entretejiendo el paso inexorable del tiempo que vertebra nuestras vidas. Periplos personales en los que nuestros caminos se van cruzando, y que se convierten en la sal más genuina de la vida. Líneas de vida amalgamadas, a veces paralelas y otras no, que en esta ocasión llegan una vez más a este mágico período del año.

Les deseo Feliz Solsticio, Feliz Nochebuena y una muy especial Navidad, fiesta del Natalis Solis Invictis, la afronten ustedes desde el prisma que mejor vaya con su forma de sentir y de pensar. En todo caso, lo importante es no perder la ilusión, el respeto por los demás, la capacidad de poder ser feliz y, también, de sorprendernos por lo más grande y lo más pequeño. Todo ello entra también en el espíritu de la Navidad.

Y esta mañana... Y esta mañana llegará la Lotería, y mi línea telefónica dará un eterno "fuera de cobertura". Alguien me verá con una camisa de flores por Ipanema o por Kuala Lumpur, o quizá en las islas de la Polinesia, quién sabe, intentando pasar desapercibido. Sean ustedes también afortunados en tal ejercicio, sobre todo si llevan mi número. Y, si no, si nada de eso llega y seguimos por aquí y no tan millonarios, entonces sigamos gozando de la posibilidad de seguir acumulando solsticios y equinoccios, y mirar de vez en cuando al cielo, a la vida y, honesta y limpiamente, a los ojos de los demás.

Amigos y amigas, ¡Feliz Navidad!

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook