23 de febrero de 2019
23.02.2019
La Opinión de A Coruña
Shikamoo, construir en positivo

Historias de buenos y malos

23.02.2019 | 01:24
Historias de buenos y malos

Nunca me han gustado las historias de buenos y malos. Quizá cuando más cerca he estado conceptualmente de ellas ha sido en la más tierna infancia, viendo alguna de esas míticas y ramplonas películas que mostraban una realidad absolutamente deformada, fabricada a medida del ganador -y, por tanto, contador de la historia- en cada batalla. Pero yo creo que, incluso, ni en ese momento de crecimiento y conformación de uno mismo fui demasiado partidario de las realidades maniqueas y simples. De los villanos absolutos y de los salvadores de cada patria. La realidad es mucho, mucho, mucho más compleja. Y las cosas, con frecuencia, no son lo que parecen.

Luego vino el acercamiento a la Física. Y ahí sí que se terminó de cerrar un círculo que ya me vaticinaba que la simplicidad extrema nunca tiene cabida en la Naturaleza. La simetría, tan presente en la misma, nos demuestra que muchos de los conflictos enquistados tienen como actores a organizaciones complejas, plurifacéticas, y cuyo motor de acción no es tampoco nada simple. La Teoría de la Complejidad, acuñada por autores como Sousa Santos, incide en la interrelación de muchos enfoques y muchas visiones en todo lo que nos pasa. Y, por eso, creo que hoy más que nunca esa visión de poli bueno, poli malo tan presente aún en cierto tipo de cine, está en este momento más trasnochada que nunca.

La realidad, sin embargo, es reescrita en cada minuto por estrategas del guión, empeñados en tal visión maniquea de la realidad. El que es probablemente el hombre más poderoso del planeta, el presidente de los Estados Unidos, lo plasma cada una de sus mañanas en varios tuits, diseñados planos y simples no por casualidad. Se trata de volver al origen, al Far West, y a historias con hombres y mujeres adultos pero contadas con la lógica que se le supone a un niño de tres años. Estos son los buenos, aquellos los malos, y el bien triunfará. Ja, ja, ja.

¿Que por qué les cuento esto? Pues se me ocurren varias aplicaciones prácticas de toda esta teoría, alguna en clave muy doméstica y cercana. Pero lo dejaré, si me lo permiten, para uno de los temas estrella que hoy se dirimen en el panorama internacional. Les hablo de Venezuela, y de sus supremos actores Maduro y Guaidó, que probablemente vean este fin de semana cómo la balanza se inclina indefectiblemente hacia uno o hacia otro.

Acaso, José Luis, ¿crees que existe hoy un relato simple y maniqueo en relación con la realidad venezolana? Pues, claramente, sí. Por muchas razones, todas ellas de peso. Pero, sobre todo, porque siguiendo al profesor Arcadi Oliveres, como tantas otras veces, redundaré en que las causas de los conflictos son de tres tipos. Económicos, económicos y, a veces, económicos. Por eso cuando Estados Unidos y su presidente, sin ir más lejos, desean un cambio en Venezuela, no están pensando ni en las actuales penurias de una enorme parte de la población de ese país hermano, ni en un necesario cambio de paradigma en tal realidad. Lo que piensan es, como antaño, en un suculento pastel -llámenle oro negro- que queda en este momento al albur de las circunstancias...

Sátrapas hay muchos en el mundo, aunque a algunos les riamos las gracias, y Maduro es claramente uno de ellos. Desde el chavismo que le alumbró, conculcó la legalidad vigente, ninguneó al parlamento del país, y estableció los resortes oportunos para perpetuarse indefinidamente en el poder. Claramente, este es el retrato de un dictador. Pero, como decía el cantautor brasileño Roberto Carlos, "errores no corrigen otros, eso es lo que pienso". Y un error sería una asonada, de cualquier tipo, aunque vaya rubricada por el presidente de la Asamblea Nacional. Muy al contrario, Venezuela lo que necesita es una vuelta urgente a la legalidad democrática, y esa se soluciona solamente en las urnas.

Pensar que el levantamiento de Guaidó es cándido, patriótico, desinteresado, desconectado del exterior y simplemente restaurador de tal legalidad es una simplificación excesiva. Porque el mismo, ténganlo ustedes claro, está vinculado de alguna manera -no sé si fomentado, auspiciado, financiado o apoyado- por terceros. Por otros actores, que juegan en ligas muy potentes y remotas con respecto a Venezuela. Actores internacionales que están librando su propio pulso a cuenta de las tristezas, miserias y penurias de los hermanos venezolanos, y que ya se han enseñado los dientes entre sí. Algo que no nos debería extrañar, ya que lo mismo acontece cuando se dirimen conflictos en Afganistán o en el eterno desaguisado palestino-israelí. China, sin ir más lejos, ya se ha alineado con unos, y los otros también tienen en la zona caliente venezolana aliados y jaleantes.

Como me dijo en repetidas ocasiones una de las personas más brillantes que tuve ocasión de conocer en mi vida, "José Luis, esto es un kindergarten". Ciertamente, pero donde se juega no con plastilina sino con balas de verdad, sean estas de metal, de ingeniería financiera o de intoxicación mediática. Las tres, les aseguro, igual de letales...

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