11 de marzo de 2019
11.03.2019
Desde Los Cantones

Listas electorales y candidatos pasados de fechas

11.03.2019 | 00:46
Listas electorales y candidatos pasados de fechas

La tensión que genera la confección de las listas electorales suele derivar en luchas intestinas que impiden responder a las demandas ciudadanas -regeneración y renovación- que los partidos pregonan con insistencia. Amiguismo, caciquismo e intereses personales priman a la hora de designar a los candidatos, sin tener en cuenta su idoneidad. Si repasamos la nómina actual de las distintas formaciones gallegas observaremos, a primera vista, que buena parte de sus componentes son políticos pasados de fecha. En el PP de Lugo, José M. Barreiro; Celso Delgado, en Ourense; Ana Pastor, en Pontevedra; en el PSOE, Carmen Silva y Abel Caballero (Pontevedra); Pachi Vázquez (Orense); Jorquera, (BNG La Coruña), además de algunos alcaldes veteranos en el cargo, como Ángel Seoane (Oleiros) y en Abegondo, Santiso. En los "partidos del cambio", la remoción es obligada por otras razones. También en el ámbito sindical hace falta una renovación, incluso en sus estructuras, donde es más difícil si peligran los "liberados" o remiten las generosas subvenciones públicas, o sea, a cargo de nuestros bolsillos. Es posible que a muchos de los políticos señalados les resultará difícil vender su futuro sobre todo para quien está cascado de poder. La mayoría abriga la intuición de que si se alejan del mando, los sucesores no respetarán nada. El cambio de ciclo se avizora, la izquierda equilibrada no ofrece programas, ofrece anuncios, solo ansia de poder, autogobierno, sin considerar la incompetencia derramada. En tanto, el PP recela de todos.

Otrosí digo

El próximo 28 de abril no es una fecha cualquiera; es el día de las elecciones generales; no parece haber sido elegida al azar. De acuerdo con las normas preceptivas, a partir de entonces, superado el plazo de más de cien días en el Gobierno, el actual presidente sea o no reelegido podrá disfrutar de una pensión vitalicia de 90.000 euros anuales, dos funcionarios para su secretaría, coche oficial, pasaporte diplomático y otras sinecuras que le garantizarán un porvenir risueño.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook