12 de marzo de 2019
12.03.2019
La feliz gobernación

Hoy hace 100 años que nació Gila y su madre no estaba en casa

12.03.2019 | 00:57
Hoy hace 100 años que nació Gila y su madre no estaba en casa

"La vida es un camino que comienza en el nacer y termina en el morir.

Camino áspero si se recorre con los pies desnudos del fracaso"

M. Gila

Ha salido estos días un nuevo libro aprovechando el centenario, aún no he podido leerlo; pero sigo teniendo a mano su obra, para mí de cabecera, Y entonces nací yo. Memorias para desmemoriados (1995) dedicado a sus abuelos, Manuela y Antonio. Sin perder de vista el facsímil de La Codorniz.

Podría pasar por una simple historia, la de tantos huérfanos de los años veinte, criado por sus abuelos en el Chamberí de entonces, que ha de dejar una escuela porque no le aportaba nada para ayudar a mantener su casa. Como tantos pinta coches, aprende mecánica o a trabajar con la fresadora. También, como tantos, llega al Quinto Regimiento; como tantos, cae prisionero en 1938 y, como pocos, se salva del fusilamiento por la borrachera -hasta la retina- de los requetés que le apuntaban, el absurdo llama al absurdo. Más prisiones, cuatro años más de mili y una posguerra para olvidar, pero que él resucita al minuto.

Que queden en el recuerdo la desconocida revista Exedra, La Codorniz gracias a los favores de Miguel Mihura y a pesar del desprecio de Álvaro de Laiglesia; ya al final, El Periódico de Cataluña, Hermano Lobo. Podríamos decir que sobrevive en los 50 gracias a la radio, teatros, salas de fiesta y películas alimenticias en las que, como secundario, tendría que interpretar estereotipos supuestamente humorísticos.

La vida y el agobio político del momento le llevan a Buenos Aires en 1968 hasta que regresa definitivamente en 1985. Con su casco y su teléfono, en aquella TVE en blanco y negro, era original, odiaba el plagio. Sus memorias realistas y su humor absurdo siguen vigentes; como lo fueron para Berlanga en tantas ocasiones o para Arrabal en Picnic: "Allí Zapo en la trinchera, bajo bombas y ametralladoras, sigue calcetando un jersey cuando le llama su capitán ordenando lanzar bombas, a lo que responde: "Y las bombas, ¿cuándo las tiro? ¿Pero, por fin, hacia dónde las tiro, hacia atrás o hacia adelante?? No se ponga usted así conmigo, no lo digo para molestarle", su alegato absurdo contra la guerra absurda. Seguro que Trump, Salvino, Bolsonaro, Abascal y demás insensatos defensores de las armas a discreción, nunca han oído hablar de ellos, Gila les daría un buen repaso.

Siempre se ocultó su ternura, los poemas que confió a su hija Malena. Tierno y curioso. Forges sentenciaba que Gila era "uno de los tres reyes magos del humor, con Cervantes y Quevedo" y para Juan Marsé, "su humor fulmina la grandilocuencia".

Rematemos el folio con uno de sus sencillos poemas: "Me encuentro raro sin ti / en este mundo lleno / de gente vacía, / que no lo llena.

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