22 de marzo de 2019
22.03.2019
La Opinión de A Coruña

El cambio comienza hoy

21.03.2019 | 21:52

Greta Thunberg es una niña de 16 años que se ha convertido en influencer sin necesidad de YouTube. Su pancarta de cartón y su impermeable amarillo son ya el símbolo de toda una generación (más de 1,5 millones de estudiantes fueron a la huelga el pasado día 15) comprometida con el futuro del planeta. Se puede cuestionar si se trata de un producto elaborado para llamar la atención de los medios, pero cualquiera que escuche su discurso convendrá en que lleva razón. Quienes tenemos hijos preadolescentes nos hemos horrorizado con la retahíla de sandeces a los que estos están expuestos por prestarle atención al "vídeopredicador" de turno con decenas de miles de seguidores en internet, cuyos puntos de vista, dirigidos a quinceañeros o incluso a personas menores de esa edad, van a misa por muy rocambolescos que puedan parecer y sin que intervenga ninguna clase de filtro. Una influencia paupérrima, de andar por casa, que no aporta riqueza intelectual y en cambio aborrega a los que pretenden emularlo.

Pero Greta no les habla a ellos, a sus pares, sino que es "ellos" hablándoles a los adultos, y ha conseguido que le autoricen ese papel, no porque haya intervenido ante la cámara repleta de encorbatados de Davos o de la ONU, sino porque millones de niños y niñas como ella le han seguido en las calles, han autenticado la causa de esta Pippi Langstrump contemporánea y casi utópica. Lo que adoro de Greta Thunberg es su rara excepción. También su manera de decir las verdades, sus dulces ojos azules inyectados en seriedad y su voz salpicada de pausas en imperativo cuando les dice desde el atril, a los mayores que controlan el mundo; "quiero que tengáis miedo, y entonces actuéis". Asume "la carga" de decir, como niña, lo que otros se guardan en el lugar más recóndito de la conciencia; somos una grave amenaza para nosotros mismos y, si no cambiamos de actitud, esto se va al garete. Tiene madera de líder.

Académicos y científicos de todo el globo constatan en las redes que Greta está en lo cierto. Un solo ejemplo; el 90% de las aves marinas tienen fragmentos de plástico en el estómago. Su país, Suecia, está entre los de mayor huella ecológica de Europa; en España, el consumo de recursos por habitante equivale a una media de hasta cinco hectáreas y media de territorio, según el mapa elaborado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). Esta joven activista es tan pequeña que ha marcado la diferencia, cuando lo que probablemente buscaba era remover la suya propia tomando partido por una causa, sentándose en la parte prohibida del autobús en un acto de rebeldía, como la Rosa Parks a la que tanto admira. En los foros internacionales en los que sorprendentemente se le ha concedido la palabra „posiblemente para limpiar remordimientos con jabón de PH neutro„ ha medido bien su intervención, directa, concisa y reveladora de una madurez sencilla y fascinante, aunque está por ver si servirá para cambiar el sistema. Los mismos a los que lanzó la reprimenda sosteniéndoles la mirada sin pestañear le devolvieron una cerrada ovación que sonó más a autocomplacencia que a autocrítica, cuando deberían haber salido corriendo a detener la deforestación del Amazonas.

Cabe la posibilidad de que los próceres de la Humanidad no hayan captado la directa, de que no entiendan que al margen de la telaraña de virtualidad celebrity que acecha a los jóvenes con iconografías estridentes y charlatanería trending, para tratar de mantenerlos distraídos el mayor tiempo posible de su capacidad de analizar el mundo, hay también una masa crítica que viene empujando, reclamando equidad y observando una realidad que no encaja con sus perspectivas de futuro. Hay un montón de chicas y de chicos que no entienden que el miedo tenga que servir para construir fobias, en lugar de ser un mecanismo que empuje a las personas a procurarse una vida mejor. Y ahora están aprendiendo a fabricarse sus propios liderazgos y a tener fe en sus propias convicciones, por muy pequeños que se les considere. Los niños no acostumbran a mentir, hasta que les enseñan a hacerlo. Y Greta, en el fondo, no desea ser famosa; solo quiere volver a ir al colegio los viernes y que esto tenga sentido.

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