Cualquier símbolo de un colectivo quiere expresar su mente de algún modo. Bien, el de aquel PSOE de obreros industriales y algún intelectual (el yunque, con libro y tintero) expresaba en dibujo realista la voluntad de hierro de forjar un destino de clase, templado por la razón. El del PSOE renovado por el felipismo (el puño y la rosa) parecía alojar la misma duplicidad, una fuerza de transformación ejercida en son de paz, aunque el diseño, propio del sector terciario y cuaternario, mandaba ya sobre lo real. Ahora se mantiene el símbolo, pero aparece aquí y allá un corazoncito que al final manda. No sé si hay un código ideológico-corporativo detrás, aunque un corazón ya lo cuenta todo. Puede decir "el PSOE es un partido con corazón", pero hay algo sentimental, romántico, entre lírico y erótico, que ya no se podría leer en términos de clase, sino de otra clase. Y aquí paro, no vaya a ser.