29 de mayo de 2019
29.05.2019
Desde Los Cantones

Galicia y las concentraciones, fusiones y absorciones bancarias

28.05.2019 | 20:21

Tras la unión de Banco Popular-Pastor, más tarde integrados en el Grupo Santander, se anuncia ahora un ajuste de plantilla que en España afectará a 3.713 empleados y a suprimir 1.150 oficinas (en Galicia a 2.100 empleados y a 410 sucursales, la mayoría procedente del Banco Pastor). La pérdida para Galicia de la que fuera su principal entidad bancaria (fundada en 1776) registra serias consecuencias sociales, pese a las leyes protectoras (de las clases pasivas) de prestaciones seguras. La esperanza de vida actual aconseja nuevas fórmulas imaginativas, entre las que debiera primar la prolongación de la actividad laboral. Es indispensable desterrar las prejubilaciones tempraneras y traumáticas y que desaparezca ese mundo de jubilados prematuros, algunos víctimas de regulaciones de empleo salvajes o arbitrarias. Los retos de la transformación digital, la sobredimensión de las plantillas, al solaparse las contrataciones empresariales, aconsejan una regulación laboral que, en este caso, según fuentes interesadas, "su eficiencia empeoró", y habrá que evitar el riesgo de exclusión financiera, que puede provocar el cierre de oficinas. Los tiempos han cambiado, la cuenta corriente ha perdido su categoría distintiva y el talonario de cheques es un elemento anacrónico. La informatización operativa, cajero automático, etc., no solo ha reducido los gastos laborales „sin repercusión en el funcionario y en el cliente„, sino que han convertido de facto al usuario en empleado bancario, al tener que realizar trámites habituales que, hasta hace muy poco, correspondían a las propias entidades bancarias. En tanto, los capitales y los modestos ahorros se mueven en esa atmósfera flotante del negocio que no descansa y hace que todo sea negociable. ¿Y los créditos? Producen jaquecas al que lo contrae y el transeúnte camina más deprisa para poder pagarlo, abrumado por jaquecas, para las que no hay medicina. Las ventajas del ahorro se han disipado, el dinero depositado no produce intereses y sus tipos siguen subiendo: vivimos al albur de los vaivenes de la inflación.

Otrosí digo

La Justicia ha sentenciado los abusivos bonos, concedidos en metálico a los altos ejecutivos bancarios, con objeto de poner fin a sus elevadas retribuciones al cesar, que éticamente resultaba impresentable, frente a las tasas bancarias y a los recortados sueldos del personal.

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