05 de agosto de 2019
05.08.2019
La Opinión de A Coruña
Catedrático de Derecho Constitucional

en la UDC

Casado gana pactando y el PSOE se equivoca

04.08.2019 | 19:57
Casado gana pactando y el PSOE se equivoca

Será entretenido y productivo para publicistas y tertulianos el aumento de siglas en las Cortes, en las asambleas autonómicas y en los ayuntamientos pero no es lo mejor para el buen funcionamiento del sistema político. Lo comprobamos desde 2015 en la política nacional y ahora, desde las elecciones de mayo, en autonomías y corporaciones locales. La fragmentación dificulta la formación de gobiernos estables y duraderos, y eficientes en la aplicación de sus programas.

Es imprescindible pactar para formar mayorías que permitan la investidura presidencial y la estabilidad de gobiernos, dos asuntos bien diferentes. Contra lo que se escribe, nuestros partidos no son incapaces de pactar la investidura y la formación de un gobierno. Al final las fobias, los antojos y las exageraciones, que de todo hay, se superan y los acuerdos llegan. Los acuerdos sobre el reparto del poder que en eso consisten los primeros pactos. Cosa bien distinta, pero que también necesita de un pacto continuado entre los socios, será la acción de gobierno durante cuatro años. Los pactos de investidura y formación de gobierno en el centro derecha, antes solo el PP y ahora tres partidos, han sido laboriosos en Castilla y León, en Murcia y en Madrid como antes lo fueron en Andalucía y como allí también se ha llegado a acuerdos en las tres comunidades. Significación especial tiene, obviamente, el doble acuerdo en Madrid Ayuntamiento y Comunidad, máxime cuando la Fiscalía acaba de pedir el procesamiento de Aguirre, Cifuentes y González. El PP era el más interesado en sellarlos y suyo es el mérito de haber tendido puentes entre Vox y Cs. Cs exhibió remilgos y hasta cierta grosera desconsideración hacia Vox y ha quedado, finalmente, como un partido excesivamente pendiente de su propia imagen, intransigente y políticamente poco ducho en situaciones complicadas como las actuales en las que la flexibilidad, el tacto y la discreción son esenciales. Rivera se proclamó a los cuatro vientos incompatible con Vox hasta poner en riesgo los pactos, pero es más que dudoso que haya logrado ser creíble. No hay vuelta de hoja, Cs comparte el poder con el PP porque los tres partidos, no solo dos, han firmado los pactos. Salen Abascal y su partido con mejor imagen de la que tenían la noche electoral, cuando la izquierda y Cs le negaron el pan y la sal, porque está mostrándose como una fuerza con inclinación y facilidad para el pacto como hacen los partidos que no confunden lo importante con lo impactante. Casado es quien sale reforzado en su doble liderato, en el de su partido y en el del centro derecha. En el PP ha incorporado a dirigentes nuevos y próximos y la apuesta no le ha salido mal. En el gran espacio de centro derecha Casado al tender puentes entre Cs y Vox ha actuado como debe hacerlo un líder de verdad y ha ganado la partida a Rivera. Le facilita las cosas que Vox y Cs sin las siglas eran dos alas, más tradicional y exigente la una y más liberal la otra, del PP de Aznar que Casado quiere rehacer. Empieza mejor de lo que permitían pensar los resultados electorales de abril y mayo.

En el centro izquierda el PSOE pacta con las diversas izquierdas mal avenidas con la CE y con los nacionalismos. Nada nuevo bajo el sol. Hace días Sánchez aceptaba a Podemos e IU en el Consejo de Ministros con una vicepresidencia y tres o cuatro carteras. Que pacte con Podemos es lo propio, y lo hace en muchos sitios, el viernes en Aragón. Pero que pacte con los nacionalismos más desquiciados es mala cosa. Si el PSOE piensa que así va fraguando su España federal, se equivoca de medio a medio.

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