07 de agosto de 2019
07.08.2019
La Opinión de A Coruña

Y ahora, huérfanos de Camilleri

06.08.2019 | 22:58

Primero fue Vázquez Montalbán en plena madurez literaria y ahora, a los noventa y dos años pero con plena lucidez, es Andrea Camilleri, su sucesor, quien nos deja en una insufrible orfandad. Cambiamos a Carvalho por Montalbano y a la Barcelona franquista por la siciliana Vigàta imaginaria de Camilleri, porque tanto el comisario Montalbano como el detective privado Carvalho nos hablaban de lo mismo, del turbio presente, de los vencidos y explotados, de las historias reales imaginadas de los hombres y las mujeres corrientes y siempre con una mirada compasiva y comprensiva que se convertía en crítica e intolerante con el poder y con aquellos que utilizándolo abusaban de él. Por la Vigàta imaginaria de Camilleri (un remedo de Porto Empedocle, su lugar de nacimiento) pasan todos los problemas de su tiempo, de Sicilia, de Italia y de Europa: desde la gran tragedia de los inmigrantes mediterráneos hasta los abusos del poder y la corrupción derivados del poder de la Mafia. Como por los escenarios de Montalbán de la Barcelona franquista pasean la corrupción y los abusos de poder de los vencedores de la guerra civil encarnados en la burguesía pujolista dominante. Ya se ha dicho en otras ocasiones: tanto Vigàta como Barcelona no fueron sino respectivamente un microcosmos desde donde observar y contar el mundo real desde su espacio específico. Lo que poco tenía que ver con las novelas de policías y ladrones al uso. Lo suyo era lo que realmente hay que entender por verdadera novela negra. E incluso con un aderezo más: su atención exquisita por la gastronomía, por el buen beber, en suma, por aprovechar al máximo el disfrute de los buenos e inocentes placeres que proporciona la vida. En realidad, como se ha dicho, ellos fueron los inventores de ese género negro específico que es la novela negra mediterránea. Camilleri, como también ocurrió con el caso de Vázquez Montalbán, fue no solo con sus novelas, sino también con sus intervenciones públicas, la mosca cojonera que no dejaba tranquilos a los corruptos e incongruentes políticos italianos, sobre todo, en estos últimos años a los que han protagonizado esa deriva hacia la ultraderecha italiana como Salvini y compañía que han vuelto a sacar a pasear el fantoche del fascismo y hacen avergonzarse a la opinión pública italiana con su persecución e intolerancia con los inmigrantes que tratan de llegar a sus costas. Como Vázquez Montalbán también, Camilleri se movió siempre en el marco de la ideología comunista y, aunque crítico con el comunismo realmente existente, siempre y hasta el final siguió defendiendo los valores de la igualdad y criticando la injusticia que suponía el sistema capitalista, a la vez que, como se aprecia en todos sus personajes, siempre creyó en la bondad y la capacidad de auto perfeccionamiento de los hombres corrientes. Cuando nos dejó solos Vázquez Montalbán, muchos lo sustituimos en nuestras lecturas por las de Camilleri. Y ahora al desaparecer éste, aunque siempre, como ocurrió con el caso del escritor catalán, nos queda el repaso de su obra, comenzamos ya a sentirnos realmente sus huérfanos.

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